miércoles, abril 29, 2009

La apoteosis del churro (2 y 3)

Ahora que me dan alergia los guapos se me emplazan delante en el metro, y los asisto escalpelo en mano, sin piedad pero con asombro por la capacidad de la naturaleza para crear belleza, en el color fucsia o morado o celeste de las flores, y en las muñecas y mandíbulas y tabiques nasales de estos muchachos incómodos en sus nucas, despeinados pretendidamentes peinados, cuyos dedos, y los observo ad nauseam, igual que ellos a mí, de frente en el vagón, en escorzo caminándome en las escaleras mecánicas, estudiados en su estilo y su descuido, elegidos, merecedores de un poema de Kavafis y de notitas que se dejan caer, a veces atrevidos en su sonrisa y otras desesperadamente narcisos. Pero la belleza es su desventaja y su mordaza, así que después de medirlos los dejo ir, sin poema, sin nota, sin arrebato, sin cólera, limpios intocados por mi escalpelo y por mí. Ahora toca que me miren a mí.

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