martes, abril 14, 2009

La plage sous les pavés

Estoy sola en la Barrosa inmensa. Tenemos el ruido incesante del mar con su marea retirándose, achicándose hacia la luna nueva. Tenemos una rachita de poniente frío y tenemos un sol. Me tenemos a mí, tirada en la arena seca, con la cabeza sobre el bolso paraguayo y el bolígrafo Parker llenándose de arena y temblándome en la mano por la postura menos verosímil de la historia, escogida así porque cuanto más cerca de la superficie de la arena soleada menos frío me llega. Calculo la conveniencia de sacarme la pollera o quitarme la falda, ponerme crema para no quemarme mi segunda piel, colocar esparadrapo de papel estratégico en mi herida reciente, pero el cálculo se tambalea de un lado de la ecuación hacia este momento mío y sólo mío después de tantas horas, días, noches, madrugadas, de traslados y reencuentros y encuentros y estaciones, aeropuertos, salitas 2x2.

No hay comentarios: