viernes, abril 24, 2009

Saint Martin in the fields


Y es ahora sin más que me sale un llanto que respiro. Porque estoy sentada en Saint Martin in the fields mientras suenan los Bradenburgos (y es asistir a la música que se conoce como un reposo o un regreso o un enfundarse en los vaqueros viejos favoritos), con los hombros muy desnudos gracias al vestido morado y los pendientes de amatistas brillando entre el pelo semirrecogido y no sé por qué me sigue dando esa melancolía. Postrera. Una melancolía vieja que ya nos ha rondado, una melancolía viaje que ya nos ha escupido a la cara antes, en varios países, la última vez en el verano bonaerense sin que nadie nos diera la mano para cruzar Pueyrredón. Y esa nostalgia era somos Barcelona y esas ganas de estar viva que él me concedió, aunque seguramente yo las llevaba dentro dormiditas, porque me abrió la puerta de su casa y fue a buscarme a la estación, y cuando otro me abre la puerta de su casa y va a buscarme a la estación reconozco la pauta del comienzo pero no reconozco ningún comienzo. Tú que no estás más en mi cielo y sin embargo mi vida se construye a pesar de ti. Miro y respiro hondo estar siendo yo, que sea tan fácil venir a Londres como coger un avión, que sea tan fácil que me den la mano para cruzar todas las calles, reconocerme tranquila en esta música, y es por eso que tengo que llorarte ahora o nunca, al recordar tu desfachatez, al saber que ni siquiera mi soledad de ti es ya tuya.

No hay comentarios: