martes, mayo 05, 2009

48 heures de la vie d'une femme


Me levanto a las cuatro y media, me ducho y me encremo con la Nivea inglesa por última vez en la vida. Me tomo el 135 en Maconochies Road hasta Liverpool Street donde me subo al Stanted Express hasta el aeropuerto, cojo el avión de Ryanair hasta Barajas, la línea 8 hasta Nuevos Ministerios y combino con la circular hasta O´Donell. Dejo mi mochila en Peñascales y me voy a almorzar con Aurora, nos sentamos al sol en el Parque Eva Perón a comer fresas, que compartimos con unos señores vagabundos. Luego me tomo un café con Maribel, Iván y Karlos, antes de darles tres horas de clase a Jean Pierre, Katy y Andrea. A las ocho de la tarde después de canturrear un poco en público me vuelvo en la línea circular hasta Barajas, salgo de la estación de metro y espero un ratito a que pase el 214 hasta Paracuellos de Jarama. Ceno con Marcos y me acuesto tardísimo. A las ocho y media de la mañana me disfrazo con la falda gris de cheviot, la camisa negra de alforcitas y las botas de tacón, y Marisa me acerca a la estación de Pinar de Chamartín, desde donde viajo en el metro ligero dos paradas. Camino una mijita y me meto en una cafetería modernísima a desayunar, Cola Cao al fin, como dios manda, y tostadas con muchísima mantequilla. Me dedico a pasar en limpio en la Moleskine todas las notas cochinas que llevo en el bolso hasta las once menos cuarto, cuando recojo campamento y me voy a la entrevista. En el ascensor del edificio de ventanas verdes me doy cuenta de que me han quedado bigotitos monos del Cola Cao. Me divierto mucho en la entrevista, con tres personas distintas me hacen charlotear en idiomas distintos. Desciendo otra vez bajo tierra, metro ligero primero y después la línea celeste hasta Gran Vía. Camino hasta la Plaza de Oriente, me encanta patearme la calle del Arenal con los tacones, llegar hasta el Real y sentarme un ratito al sol, aunque sé el trayecto que me espera de vuelta a Paracuellos (Ópera-Alonso Martínez-Nuevos Ministerios-Barajas en metro y el 214 que pasa una vez cada hora). Rehago mis maletas y hago de nuevo ese trayecto infame, esta vez hasta Acacias, tengo cena de mujeres, vino y mezcal, y luego me quedo a dormir en casa de Montaña, entre sus telas senegalesas y su amorosa calidez. El día siguiente sería otro día.

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