viernes, mayo 15, 2009

Alegría callada

Mientras abajo las mujeres juegan al parchís, los hombres repintan las barcas boca abajo, y los niños se bañan, yo sentada en la piedra ostionera miro y masco lacasitos. Y luego apoyada en la balaustrada de más allá escucho esta canción de Chano que nunca estalla, que se contiene y está siempre a punto de sobrevenirse, que se retiene y sin embargo lleva una bomba de relojería dentro, una bomba de amor por la vida, amor por esta playa, y por ese relumbrar único del sol entre el cabeceo de las barquitas. Después camino como siempre por Campo del Sur con la Catedral y sus azulejos amarillo ocre al fondo, hasta mi baluarte donde me siento y me derramo humana, planeta y amarilla, amarilla ocre.

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