martes, mayo 05, 2009

Con el gesto de quien se ha muerto mucho

Mi padre ve unas fotos que me hicieron el domingo mientras cocinaba una paella para muchos, y me dice "estás triste". Y no sé, quizá sea cierto, aunque la reunión fuera jolgorio y mi cara sea de asombroso contento. Quizá todo este ruido que hago, como cuando me disfrazaba de princesa existencialista o zarista rusa exiliada y me paseaba puente arriba y puente abajo en Pont à Mousson con todas aquellas pulseras y zarcillos tintineantes, sea para tapar esa corriente por debajo de todo. Y me coloco los cascabeles en los tobillos y los crótalos en los dedos, y me bailo creando el caos entre mis pies y pido Salomé la cabeza de alguien, y no quiero parar y me acuesto tarde y me levanto temprano, y mi cuerpo me pide descanso y no se lo doy, mi cuerpo me pide amor y no se lo doy, y no puedo dejar de coger trenes, aviones, autobuses, no puedo dejar de derretirme sobre los días, derretirme bajo este sol del sur sentada en la parada del Comes para ir a Jerez una hora entera, porque aquí los horarios no sirven para nada. Sé que si me paro la tristeza subyacente, lo que he sufrido, me vendrá oleada y aunque sé que resistiré el embate no me da la gana, que me echen un galgo, andaré por ahí.

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