martes, mayo 19, 2009

El mar es verde

Después de tres días de pop desalentado me arrojaré hija pródiga en brazos de la deliciosa depravación de Mingus y Gesualdo. Es como si después de sostenerme a base de ricota pidiera un trozo de Cabrales. Y no es un juicio de valor, es una descripción, como decir que el mar es verde y la arena color arena, que luego de muchas páginas de Belano y Lima me siento y miro a una gaviota que se deja llevar por los círculos del aire, y que el día está tan despejado que desde aquí veo todo Cádiz, la Catedral, el castillo de San Sebastián, las grúas de Astilleros. El caso es que me puedo alimentar de muchas vidas, pero francamente, me alegro de estar aquí y en ningún otro sitio, me alegro de estos días sin caviar, de estos días de mayo larguísimos de luz en los que vivo en un cuarto que más parece bazar, de estos días de jugar con Calígula sin horarios y de guitarras sin complicaciones metafísicas.

1 comentario:

La mujer que no duerme dijo...

Llevo años leyéndote. Mientras, he ido cambiando de piel. Ahora te saludo y te digo que yo también me alegro de estos días aunque les cambiaría algunas horas.