martes, mayo 26, 2009

Fronteras

¿No habías dicho que no te importaría el dolor de luego? ¿No quisiste drain to the lees esta copa que no estaba tan rota? ¿No te paraste alguna vez en mitad del exceso del banquete, reflexiva, al saber? ¿No probaste antes de ahora este amargor? ¿No supiste cada vez, cuando veneno que él te diera? Ahora, Babilonia, la ceniza que te pones sobre la cabeza es del hogar en el que tú misma colocaste los leños. Querida, querida Lou que miras por la ventana del autobús mientras cruzas Despeñaperros y ni por un momento dejas de pensar en tu dolor y de decirte cínica que quizá tu dolor sea otra cosa, la rabia de no poder dormir con la puerta abierta para que Calígula salga y entre a su antojo, o el asombro de haber sido abandonada. Bien sabes, Lou, que no es fácil, bien sabes que aún desintoxicada la inclinación y ese amor te seguirán bajo la piel, dispuestos al salto, dispuestos al hambre de ser voluntariamente guillotinada (sin resistencia hacia el cadalso y cantando more). Pequeñita Lou a la que sólo le queda sacudirse las migajas de tristeza y levantarse y seguir, seguir hasta la sangre.
Quizá tu dolor, te dices, no sea más que esa confianza ciega truncada que siempre siempre siempre le tuviste a vuestra literatura. Te dices, Lou, que esperaste en TU literatura, en TU cariño, que siempre siempre siempre quisiste que fueran para siempre aquellos sentirse renewed, disabled by those bonfires in YOUR spine. Sabes cuánto le debes a los que te quieren y a ti misma ponerte a salvo. Sabes la fortaleza que te costó reunir para largarte de tu adicción. Y ahora cuentas los días como una alcohólica, y cuentas estos días en que la vida es infinitamente mejor, sin saber de dónde viene y adónde va, ahora que no está al final de ningún trayecto, que no hay ningún extraño camino que te conduzca hasta él. Compruebas que no es fácil olvidarse, a pesar de todos los horrores, a pesar de que el resto del planeta concuerde en entregarse, a pesar de tu disposición. Pero ¿sabes una cosa, Lou? Sí, la sabes. Sabes que ya estás del otro lado del cristal, sabes que ya miras desde el otro lado la frontera. Cruzaste. Y ése, Lou, es tu dolor.

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