lunes, mayo 18, 2009

Los bajos de Metrópolis

He pasado muchas horas en los bajos de la librería Metrópolis, y no me acordaba. He encontrado un marcador dentro de un libro, y así me vinieron muchas tardes allí dentro, allí abajo. Ahí estaban todos los libros de otros tiempos, desordenados, y encontrar algo al azar, mirando lomo por lomo o sacando las montañitas de detrás de los estantes, era lo que me gustaba. Creo que la última vez que fui ya habían hecho limpieza porque recuerdo un dolor de corazón cerúleo. Allí me compré algunos libros que he perdido para siempre: Mi vida de Alma Mahler, Mi vida de Kokoschka (Oskar como es obvio, detrás), Cosmos de Gombrowicz, El cine según Hitchcock, Estrella distante, La literatura nazi en América, El examen, Garden party y sabe dios cuántos más. Ahora puedo ir a la Fnac o a Casa del libro, pero no es lo mismo, ni siquiera las librerías de segunda mano son lo mismo, en los bajos de Metrópolis eran todos libros sin estrenar sólo que llevaban arrumbados años (los de Bolaño no, ésos estaban arriba), y daba emoción pensar que te estaban esperando, te nacía el cariño por el tomo antes de crear lazos con lo de dentro. Quizá por eso me haya olvidado de Metrópolis, porque después de tanta mudanza había anestesiado ese amor al objeto libro. Se está despertando, el condenado.

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