viernes, mayo 15, 2009

Me convertí en un souvenir

¿Te acuerdas de cuando estábamos sentados en aquel banco con Calígula, los pies enfangados, un sitio tan bonito? Eso sí fue una despedida. ¿Te acuerdas de cuando cayó aquella tormenta y salimos a la calle a quedarnos de pie bajo la lluvia hasta que no podíamos más de frío? ¿Te acuerdas de cuando me lavaste el pelo en el lavadero? ¿Te acuerdas de cuando nos sentábamos en el tronco caído enmedio del bosque? ¿Te acuerdas de cuando cebamos mate para medio autobús? ¿Te acuerdas de cuando cenamos en Nochebuena rodeados de amados señores homosexuales? ¿Te acuerdas de cuando llegué? ¿Te acuerdas de cuando hacíamos carbón? ¿Te acuerdas de aquella noche en que acabamos mezclando Glenlivet y vodka ruso y lo bebimos del mismo vaso? ¿Te acuerdas de cuando canté tangos en el restaurante chino cuando estaban cerrando y salieron de la cocina a escucharme? ¿Te acuerdas de cuando me trajiste una tableta de chocolate? ¿Te acuerdas de cuando cocinamos tanto para mi cumpleaños? ¿Te acuerdas de mí? Yo sólo quería que me dijeras quiero estar contigo y que al decírmelo me estuvieras diciendo la verdad. Pero no se puede tener todo, parece. Al menos ahora empiezo a recordar cosas bonitas de aquellos últimos meses de mierda.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

"El amor empieza en el momento en que una mujer (un hombre) inscribe su primera palabra en nuestra memoria poética"

Anónimo dijo...

El amor por lo tanto no termina hasta que la/lo expulsamos de esa memoria poética.

Loulou dijo...

Y si la/lo expulsamos de la memoria poética nos convertimos en viles cucarachas. Y el amor no se crea ni se destruye, se transforma. Y es tan corto el amor y el ars, longa. Y sí, ya lo sé.