lunes, mayo 11, 2009

Seducción sentimental ultramarina

Estoy en alma abierta y con hambre tan grande de dejarme abarcar que no te extrañe que cualquier palabra que no sea cualquier palabra sino peso y ruido y algo que llega me llegue, en violín y cristal llovido contra el que apoyo mi cabecita loca y exangüe y me acuerde así de un tiempo en el que mi vida era esa casa del cerro Concepción frente al puerto y las gaviotas al amanecer y un pensamiento tan espeso que me lo tenía que apartar con las manos de delante de la cara. Y un dolor. A veces me da miedo ser capaz de seguir yirando, de hecho sé que soy capaz de seguir yirando, sé que me gustaría ese trayecto París Viena Bratislava, sé que después de ése se me ocurrirían otros, sé que me importa tan poco mi maleta como si es lunes jueves sábado. Aunque y porque es verdad que ya no huyo y ya no busco, sólo me recojo en la extensión de mis kilómetros, amo las llaves que me dejan para que lleve en mis bolsos, y las otras, las que me dan de sus ojos a mis ojos. También amo las llaves que regalo, amo saberme amarrada a mi intención, que todo lo que me dices está aquí conmigo, que todo lo que me digas estará aquí conmigo.

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