martes, mayo 26, 2009

Telas, vestidos, armarios

Me pongo a coser y embarco a las mujeres de mi familia en mi intención. Con mi madre revuelvo bolsas de su armario y encuentro cortes de tela que llevan generaciones guardados, y con cada corte una historia de mi madre, un cansancio. Y muchas telas que fueron para mí en mi adolescencia, aquella adolescencia en la que yo siempre vestía con traje de chaqueta. Y después mi tía me pone a poner alfileres, dibujar con el jaboncillo, marcar los piquetes, cortar, hilvanar, medir las pinzas, hacer vivos. Y es todo tan complicado, agarrar la aguja y empujar con el dedal, probarte el resultado y que haya que rehacer todo de nuevo, volverte a probar y volver a ajustar, sobrehilar los bordes, hacer cortecitos en la tela que sobra en las costuras, pegar la cremallera, quitar hilvanes. Horas de nuestra vida cosiendo para un vestidito tan poca cosa que da gloria verlo. Horas de nuestra vida escuchando a las mujeres de mi familia despotricar contra todo bicho viviente y contra todo bicho muerto, y viéndolas cómo saben de su oficio. Horas no queriendo irme tan lejos porque necesito un escaloncito mío en el que ovillarme un rato, una playa en la que suspirar al tirarme en la arena, una taza de té con un chorrito de limón sobre la que soplar para que me llegue el calor, más vestidos creados uno a uno según y a medida del alma de su tela.

1 comentario:

La mujer que no duerme dijo...

Vestido hecho de ratos de mujeres. Una forma de abrazarnos.
Besos,