martes, mayo 05, 2009

Why is this joy not allowed

Tengo que asistir espantada al ataque del monstruo contra mi prima Elena. Lo veo así: la oscuridad contra la luz, ataque mortal aseteado y vómito de Medusa, ganas de asesinar, anular, poner la zancadilla, los Nueve contra Gandalf, el odio extremo del que se encierra en su propia mazmorra contra el que vuele o no vuele quiere volar. Y la lucecita que ha de seguir brillando, porque Long John Silver, el cardenal Richelieu, James Moriarty, no nos podrán. Luego llego a mi propia casa y después de vaciar los cubos y palanganas con agua sucia y estancada (quien quiera puede tomárselo como metáfora para que no se le suban las transaminas y pueda seguir su vida sin horror), tengo que sufrir también el ataque del monstruo encadenado a su propia piedra que guardamos en nuestro trastero personal.
Se toman decisiones en la vida importantes: ser bueno o ser malo, estar vivo o estar muerto, brillar o pudrirse, amar o despechar, no es fácil sostener una lucha constante contra la fuerza que se te opone y que quiere arrastrarte hasta la pocilga de decisiones contrarias a las tuyas y a todo lo que hace que la vida sea algo sagrado y glorioso. Yo siempre digo que quien quiera tener una vida de mierda que la tenga, pero que no salpique y que nos deje a los demás sobrevivir sin dolor. Que no pretendan que las salvemos o que nos hundamos con ellas en ese rencor venenoso de las que han sufrido y no saben vivir fuera de ese sufrimiento, no saben elegir un mundo mariposa en vez de ese empeño oscuridad de la polilla que quiere apagar la luz de la lámpara, nodriza bájamela un poco más. Y ahora, sentada en el suelo del andén de la estación de Renfe, lloro con rabia y con ganas contagiadas de destruirlo todo, de echar abajo mi casa natal, de deshacer con mis propias manos ese andamiaje del terror, ese grito de silencio que desgarra nuestras vidas estancadas como ese agua recogida. Y me gusta rendirme aquí, al sol, esperando el tren, escuchando a Zimerman disfrutando del largetto, sabiendo que tengo que estrujarme el corazón para que sangre sangre y así después tenderlo aquí, a este mismo sol, para que se reponga y engorde, nuevo, sólo mío, libre de ella, corazoncito chiquito para tanta cosa.

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