domingo, mayo 31, 2009

De Utrera a Carmona

Mientras en el asiento de delante mi madre despelleja sin piedad a su víctima, y por lo tanto a sí misma, y ésta agacha la testuz, aceptando la retahíla y en su interior creyendo que así se engrandece, yo miro los cuatro o cinco cortijos de estos 22 kilómetros, con sus torres, sus caminos de entrada sembrados de adelfas, eucaliptos y palmeras, y la tierra de labor, con el trigo en sazón para segarse, los girasoles tan amarillos entre su verde oscuro, el calor de las dos de la tarde que se siente a través del cristal, esta Andalucía recorrible a caballo. Le dejo a Calígula que me chupe el dedo a través de la jaulita, con el estado catastrófico de esta carretera lo va pasando tan mal como todos nosotros. No pienso en la capital que me espera (porque enmedio de la campiña me siento con una pueblerina llegando perdida a la inmensidad de la urbe con su maleta y sus viandas metidas en una caja de cartón sujeta con cuerdas), no pienso en más que en las pocas ganas que tengo de emprender, porque ya he empezado a emprender, en las muchas ganas que tengo de quedarme más rato con mis padres (y mi padre dijo paletos que se han criado entre los lentiscos, como para ilustrar mi estado de Aunque sea un instante).

1 comentario:

Curro dijo...

Hay tantas cosas de ti que no entiendo.
Hay tantas dudas aparcadas que no paran de asomar.
Si todo es quedarse o partir, yo parto, y tú repartes te por donde quiera que vas.

Del 26 al 30 aprox, estaré por la capital de la que hablas, así que ve seleccionando fecha para verme y contarme verdes.