martes, junio 16, 2009

El eje del mal

El mundo occidental se rasga las vestiduras porque Ahmadinejad dice que nuestro principal problema (talón de Aquiles, lo llama, versado en las fuentes de ese mismo occidente) es la manía de la culpa por el holocausto. Él da por sentada la barbarie humana, como si dijera: ya que somos bárbaros seamos bárbaros. Es una apuesta al estilo Hitler o Isabel la Católica, que pensaron tener derecho a la perversión de la perversidad. No sé si me explico bien. Quiero decir que la íntima depravación consiste en, después de admitir que somos capaces de ser malvados, jugar a esa carta de la malignidad, o peor, del MAL, y ser verdaderamente maquiavelos en pos de un ideal u objetivo. El error de las pelucas pulcras de este lado del “bien” (nada más lejos, pero ésa es otra historia), es escandalizarse. Lo que debiera ser (y pienso un poco en esas gotas de lluvia resbalando por el cristal de un cuento de Chesterton), es jugar el mismo juego de esos visionarios de la humanidad cruda: bien de cierto, somos monstruos, pero la apuesta del monstruo ha de ser ni serlo sólo siéndolo ni superar esa naturaleza, sino, aún admitiendo esa vergonzosa trama humana, adoptándola, elegir un mejor traje, una mejor inclinación, las estrellas. Y sobre todo, no caer en la tentación de sentirse elegido por el fatum, erigirse en quitador a la humanidad de su máscara dorada.

7 comentarios:

Loulou dijo...

Mira que advertí "no sé si me explico bien", parece que no porque he recibido unos mails (sí, varios) bastante airados. Será mejor ser clara: estoy en contra de todos y a favor de todos, y Occidente me toca los fronzioz, yo hablaba poética del bien y del mal, y sólo digo que son todos perversos, la diferencia está en que unos viven su maldad sin disfraz y otros se hacen los hidalgos.

filemon1970 dijo...

Puestos a elegir, siempre preferiré ser San Jorge a ser el dragón. Puestos a reflexionar, siempre pensaré que mis ideas son las correctas, salvo que se me demuestre lo contrario. Por tanto quiero pensar que San Jorge tiene razón. La cuestión sería saber distinguir a San Jorge del dragón. ¿Tú sabrías?

Loulou dijo...

Todos somos San Jorge, el dragón, la princesa, y los del pueblo que quieren librarse del dragón y por eso sacrifican a la doncella, todo al mismo tiempo. Puestos a elegir yo prefiero no ser ninguno.

filemon1970 dijo...

Emma Small o Vienna, Spencer Tracy o Kathariene Hepburn en Adivian quién viene ... o en La costilla de Adán, Vern Haskell o Frenchy Fairmont, Sarah Connor o Terminator, ... A veces, simplemente, hay que elegir. A veces, no es tan difícil. Cambio y corto.

Lou dijo...

Si te vas a poner así... Elige entre Montgomery y Rommel.

Lou dijo...

Ja. Que sí, que tenéis razón.

bucólico dijo...

¿Pero qué mierda es esto de trajinar metapolítica poética? A escribir, coño.