viernes, junio 12, 2009

Hasta que el cuerpo no aguante

Llevo 24 horas despierta. Absolut. Absolut. Absolut. Tequila. Absolut. Absolut. Y esa noche fabricada de bolas tapizadas con teselas de espejo, esa noche en la que la gente se arrastra trastocada de sustancias, y en la que yo evoco a Calígula y lo veo tan lejos, hago extraña su cara, como la tuya, tú que esta tarde me has vuelto a romper el corazón, tú que me partes el corazón. Y bailo. Mis seis hombres por banda, el taxi que me regresa a casa, el gato que me quiere tanto y me muerde el escote del vestido verde o azul o aguamarina cuando lo cojo en brazos al llegar. Y hacía calor hoy en Madrid y paseé, muy lejos, a la mañana. Me acordé mucho del discurso en la mirada de Ignacio Simons. Casi que quemo una cocina de Lavapiés al freír patatas para la ropa vieja (la pirómana y el enajenado, titularon el esperpento Alex y Antoine porque había un chicuelo usando su teléfono para denunciar a Telefónica mientras yo hacía crecer llamas en esa sartén minúscula que me prestaron). Leí en el metro tanto que me bajé antes de parada, pues pensé que había confundido el sentido, y no. Por la noche, esa noche fabricada de ritmo ruido a la que me empujé buscando trozos de cariño. Y sí, tú que me partes el corazón.

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