sábado, junio 06, 2009

La ruta de las especias

Durante meses y con la paciencia de una ama de casa de otros tiempos me dediqué a coleccionar botes de especias de cristal, fui traspasando (tapa verde para los femeninos y las yerbas, tapa roja para los intensos guisados, los orientales y los americanos), quitando etiquetas, cromáticamente estableciendo alineamientos. Martín me hizo un estante con dos entrepaños a la medida, lo pinté de ese color que llaman rojo carreta que está entre el carmín y el granate. Cociné. Mis tarritos fueron un símbolo de las pretensiones de mi casa, de mi estatus grandilocuente de persona con casa en la que recibir y estar siendo feliz. En la diáspora el mueble quedó, los botes fueron a parar a manos de mi padre, quien ahora me devuelve los restos de lo que fue, las especias que él no frecuenta. Yo las guardo en la parte de más abajo y más oculta de un mueble de la cocina de ahora, una cocina que no es mía. Me niego la posibilidad de recomenzar esa colección, primero porque no tengo ese empuje ni ese estatus, y segundo porque ahora ya no venden los tarros de cristal, ahora las especias vienen en botes de plástico infecto, me pregunto dónde quedaron esos tiempos en los que las especias eran reverenciadas hasta el punto de que a Sebastián Elcano lo honraron a su regreso con un escudo de armas con tres nueces moscadas, dos palitos de canela y doce clavos.

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