domingo, junio 21, 2009

Una noche en el Moroco

De todos los clásicos madrileños, éste es uno que no pensé que iría a pisar o en el que dentro del cual fuera a bailar. La noche es ancha, y en todos lados encuentras chicos con camisetas de tirantas y lentejuelas plateadas, cambia la inclinación y la índole pero no las ínfulas. En el Morocco compruebas cómo la civilización española no son sólo Unamuno, Ortega, Cervantes, sino también Marisol, Rocío Dúrcal, Alaska. Vamos a bailar. Entonces el sábado por la noche es bailar y sacar el abanico y que se te ensucien muchísimo los pies en las sandalias y que un Absolut no sea un Absolut y encontrarte de pronto entre un montón de gente a la que frecuentas bastante pero de la que no sabes mucho. Madrid es también un poco así, pastelitos de La Mallorquina que miras y nunca pides pero a los que ya conoces por su aspecto y visitas cada tanto, cuando quieres un descafeinado de sobre de repente nunca sabes el por qué.

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