De todos los clásicos madrileños, éste es uno que no pensé que iría a pisar o en el que dentro del cual fuera a bailar. La noche es ancha, y en todos lados encuentras chicos con camisetas de tirantas y lentejuelas plateadas, cambia la inclinación y la índole pero no las ínfulas. En el Morocco compruebas cómo la civilización española no son sólo Unamuno, Ortega, Cervantes, sino también Marisol, Rocío Dúrcal, Alaska. Vamos a bailar. Entonces el sábado por la noche es bailar y sacar el abanico y que se te ensucien muchísimo los pies en las sandalias y que un Absolut no sea un Absolut y encontrarte de pronto entre un montón de gente a la que frecuentas bastante pero de la que no sabes mucho. Madrid es también un poco así, pastelitos de La Mallorquina que miras y nunca pides pero a los que ya conoces por su aspecto y visitas cada tanto, cuando quieres un descafeinado de sobre de repente nunca sabes el por qué.
domingo, junio 21, 2009
Una noche en el Moroco
De todos los clásicos madrileños, éste es uno que no pensé que iría a pisar o en el que dentro del cual fuera a bailar. La noche es ancha, y en todos lados encuentras chicos con camisetas de tirantas y lentejuelas plateadas, cambia la inclinación y la índole pero no las ínfulas. En el Morocco compruebas cómo la civilización española no son sólo Unamuno, Ortega, Cervantes, sino también Marisol, Rocío Dúrcal, Alaska. Vamos a bailar. Entonces el sábado por la noche es bailar y sacar el abanico y que se te ensucien muchísimo los pies en las sandalias y que un Absolut no sea un Absolut y encontrarte de pronto entre un montón de gente a la que frecuentas bastante pero de la que no sabes mucho. Madrid es también un poco así, pastelitos de La Mallorquina que miras y nunca pides pero a los que ya conoces por su aspecto y visitas cada tanto, cuando quieres un descafeinado de sobre de repente nunca sabes el por qué.
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