viernes, junio 12, 2009

A veces me dan ganas


Insomne sigo, si bien mis insomnios ahora son un poco de principio barcelonés, mi mesa es tan pequeña como cuando vivía en la calle Cartagena, mi cuarto es tan pequeño como el de la calle Cartagena, y tampoco tengo conexión a internet, como en la calle Cartagena. Veo una película cada noche, tan tarde que nunca la termino antes de las tres. Como tabletas de chocolate. Saco libros de la biblioteca. Escucho muchas veces Come in from the cold. Caliento agua para hacerme mentas con tilas nocturnas. Sé que voy a dormir poquísimo porque me levanto temprano para ir a ver casas, pasear sin que nadie lo sepa por el Retiro, dejar que me roben fiambreras. Y espero. Lo único diferente es que ahora si me compras te regalan un Calígula, quien ha vuelto a su costumbre de ronronear acostado sobre mi barriga, así que me imagino que su mimosidad es directamente proporcional a mis horas de ausencia. Lo único diferente es que el pañuelo que llevaba al cuello cuando llegué a Barcelona en el Talgo ha sido ya el pañuelo que me anudé a la cabeza el día que me casé porque me habían cortado el pelo demasiado corto o corto tout court en la peluquería. Lo único diferente es que ahora sé usar el sable y que esto es Madrid y Madrid no te saca a patadas como esa ciudad condal que te rechaza si no vamos de la mano. Lo único diferente es que me siento como el cartel ése que hay en el metro que dice no estás sola, llámanos, iremos donde estés.

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