jueves, junio 04, 2009

Viviendo en subterráneo

Cambio de andén por tercera vez porque dudo, porque ya llego tarde, porque estoy en O'Donnell. Subo esas escaleras altas y empinadas de dos en dos los escalones, corriendo al ritmo del piano y del violín. Bajo esas escaleras altas y empinadas a ritmo, riéndome. Subo esas escaleras altas y empinadas de dos en dos los escalones, sabiendo que afuera hay sol y hay caballos y hay el mar, presintiendo días de metro y estaciones y de endogamia de vagón y de oficina hasta que me construya mi propio tic tac, hasta que deje de parapetarme en ese cuartito y me decida a que no sólo me merezco la calle en los trayectos, a que es normal salir de unos escalones bajo tierra y caminar con el vestido encima y llegar hasta el Berlín, entrar, ponerme rímel frente al espejo del baño mientras otra chica canta muy bien con un vestido encima en la sala contigua, y no soy yo. Yo cambio andenes y me sé desde ahora que esta noche cuando cruce la Gran Vía a la altura de Chicote, empezará a llover.

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