viernes, julio 31, 2009

Por las noches haremos lo de siempre

No he hablado todavía de que tengo a veces un compañero nocturno, alguien a quien le puedo mandar un mensaje a las cuatro de la mañana para ver si está despierto y que sí, que esté despierto, y que sí, tenga ganas de ver una peli o cocinarse un atún en tomate, ver la noche pasar hasta que abren el bar del frente para el descafeinado de las seis de la mañana. Alguien que como yo pasa las noches de largo y a veces la mañana y con quien encontrarnos a las diez entrando en la Fnac y comprándonos Joseph Conrad respectivos, dar una vuelta absurda por esa calle tan bonita de la curva soportando el sol como vampiros para después irnos a dormir o desayunar por tercera vez. Así que cuento ahora que a veces mis nocturnales son un rato compartidas, lo contenta que estoy de tener un amigo, lo contenta que estoy de que a lo mejor a él también se le aparece como entrañable la idea de no estar tan deshauciado en la madrugada.

Por la mañana

Voy a comprar el pan. Me paseo desnuda por la casa. Le lleno a Guillermo el teclado de miel y mantequilla. Tomo leche fría. Me indifiero. Me ducho. Escucho Lulu. No me peino. No tengo calor. Pienso demasiado en que no he aprendido nada. Me arrimo a la pared. Pruebo los colores de mi nueva paleta de acuarelas azules y moradas. Aso pimientos. Hago un bizcocho. Como no consigo lo que quiero me adicciono a la insatisfacción. Pretendo que alguien me pida una cita. Quiero que venga Calígula.

miércoles, julio 29, 2009

Atras da porta

Y eres tú, a pesar de los otros, al que quiero ver, eres tú al que de noche y por la mañana echo de menos (y entonces cierro los ojos después de abrirlos). A pesar de todo son tus dedos o los míos los que, es tu espalda revertida. No sé qué me pasa más estos días en que te recuerdo más, tal como éramos, tu vocecita. Con la rebeldía insumisa que siento cuando me imponen una norma, cuando me imponen una vida, me retuerzo no tapete atrás da porta, quiero romperlo todo, no tolero esto, quiero verte aunque sea para matarnos, para ignorarnos, para comer plátanos a rodajitas bañados con leche condensada mientras vemos Hatari!, para olvidarnos un rato de lo que hemos sido y ser solamente nosotros, sin atributos, sin dolor, sin historia, sin futuros separados, en un ahora solamente ahora como siempre supimos ser.

Dias contados

Igual que se puede crear un color naranja óxido que nos guste mucho (el té assam hace unas manchas preciosas), hay días en la oficina que puedes amoldar a tu cansancio. O a tu desgana. O es indiferencia. O es total desprendimiento por la vida que rodea la vida. O es el atisbo al infierno ataraxia que me golpeó ayer la respiración cuando bajaba las escaleras de la estación Islas Filipinas (embebida en Lord Jim me pasé de parada). El caso es que me queda margen para hacer trampa dentro de esas horas de eso que llama Aurora efecto pecera (después de tanto cruzarse en el agua sucia, las percas se emparejan con las rémoras), me dejo milímetros cúbicos para sufrir cuando me ataca el sufrimiento, me dejo pasillos para caminar los tacones nuevos (estuve andando descalza unos días hasta que un supervisor me prohibió el gesto marinero), me dejo pasearme medusa ante los bancos de atunes que pululan grávidos en esta pecera.

De profundis clamavi


J'implore ta pitié, Toi, l'unique que j'aime,
Du fond du gouffre obscur où mon coeur est tombé.
C'est un univers morne à l'horizon plombé,
Où nagent dans la nuit l'horreur et le blasphème;
Un soleil sans chaleur plane au-dessus six mois,
Et les six autres mois la nuit couvre la terre;
C'est un pays plus nu que la terre polaire
— Ni bêtes, ni ruisseaux, ni verdure, ni bois!
Or il n'est pas d'horreur au monde qui surpasse
La froide cruauté de ce soleil de glace
Et cette immense nuit semblable au vieux Chaos;
Je jalouse le sort des plus vils animaux
Qui peuvent se plonger dans un sommeil stupide,
Tant l'écheveau du temps lentement se dévide!

lunes, julio 27, 2009

Adiós a Bilbao

Sin haberme acostado bajo las escaleras azules para llegar al metro. No tengo monedas y es demasiado temprano para que haya alguien en la taquilla que me acepte la tarjeta. Presiento que perderé el autobús de vuelta a casa. Vuelvo a subir las escaleras azules que no tenía previsto pisar en años. Cuando llego arriba una yankee se está subiendo a un taxi con aproximadamente 54 maletas. Le pregunto adónde va. Me voy con ella. Largo relato con acento Philadelphia de sus correrías europeas. Le doy unas galletas, le ayudo al llegar con su equipaje hasta su destino Valencia. Espero mi autobús con paciencia y con Rufus. Cuando llego a Madrid me voy directa a la oficina con la mochila y el ramo de lirios. No me doy cuenta de que no me he despedido de Bilbao hasta que por la noche llego a casa, y al colocar los lirios en el jarrón recuerdo haber cerrado los ojos ante el paisaje de Euskadi, haberme dormido hasta Burgos, haberme distraído del rito del adiós por falta de monedas.

Doce directores

Los directores se ponen delante nuestra. Con su cuerpo, con sus manos, nos dictan la manera de su música. Uno tras otro son ellos delante tuya y tú eres una cuerda o un émbolo que pulsan para llegar a esa cosa tan extraña que es la obra, el opus, lo que otro señor dictó desde su alma a las estrellas. Te conviertes al cantar en un cuerpo celeste, puro impulso, porque te están llevando, aunque seas tú la que llega otros te transportan adonde querían ir, a un sitio que conoces desde dentro pero que no podías verbalizar, armonizar, descajuaringar de esta manera en la que ellos sí pueden. Y tienes tus directores favoritos como tienes tu motete favorito, tu segunda sinfonía, tu novela de Boulgakov. Y te agotas al seguir a los que no caminan como tú. Y comprendes que Hacienda hace bien al meter en la misma categoría impositiva a los directores, los toreros y los saltimbanquis. Y quieres que alguien te camine más allá. Y Bach.

Blancas juegan y ganan

Toda la vida jugué con blancas y ahora con esto de cumplir años o con esto de por una vez mirar, me vengo a enterar de que las mujeres jugamos con negras, y de que ellos mueven primero. Y soy un desastre, tiendo a mover dos veces seguidas, a corregirles las jugadas, a adelantarme siete pasos y destrozar todos los dibujitos danzantes. Demasiadas mujeres de Sturges, Leisen y Hawks, demasiados diálogos de Brackett y Wilder en mi animus como para no patalear cuando se equivocan en la carambola. Y el amor que me pesa como una losa del palacio de Carlos V.

domingo, julio 26, 2009

Lo raro es vivir

Son las cuatro de la mañana y no puedo dormir. Me pongo unos vaqueros, una camiseta, cojo el cuaderno, las llaves, una pluma y la cajita pequeña de bombones de Mamuschka y subo por la calle Mayor, desierta y apetecible con sus farolitas anaranjadas. Llego a la Plaza y está llenísima de gente: gente sentada en las sillas de las terrazas de los bares cerrados, gente subida al escenario, gente en los bancos circulares, vagabundos durmiendo en los soportales, extranjeros que cruzan volviendo de una noche, un señor paseando a su perro. Me siento un rato, y me siento un rato. Inspiro, exhalo, recibo un par de mensajitos, envío otro par, me vuelvo a casa.

miércoles, julio 22, 2009

Por Udalla el lucero

En mi memoria emotiva encuentro cosas insospechadas, como esa canción de Por Somo sale el Sol que me enseñó mi padre de pequeña y que parece ser cántabra, o como ese ramito de lavanda que recogiste para mí antes de que me fuera y que metí en el bolso de los abrigos, lo recuerdo cuando arranco unas ramitas de lavanda de los parterres de al lado de la oficina. Al abrir el bolso meses después se salieron todas las flores y Calígula husmeaba y le daba con su patita a esos restos del naufragio. Recuerdo también el ciprés blanco muerto que aserruchamos con dedicación y tiramos abajo rama por rama con cuerdas y peligro de nuestras vidas y que si quieres usamos de metáfora. Y entonces, así, a veces te odio, recogidas en mi memoria tantas porquerías frente a la luz, y entonces a veces me odio, por confundirme, por empeñarme, por recoger tantas luces frente a la porquería. Entonces a veces nos odio, porque sé que nos hemos querido asesinar el uno para el otro, y que nos hemos muerto. Pero en mi memoria se quedan Udalla y Somo, separada esa canción de mi infancia, así que esperaré a que pase mucho tiempo para saber qué canción nuestra permanece en lo que es mío.

Factum est cor meum tamquam cera liquescens in medio ventris mei

Mientras estos días largos me pasan por encima, todos los que hemos venido a encerrarnos juntos en un cuarto a establecer la arquitectura de un momento musical never to be found again, que dice Britten (y la teoría teatral de Peter Brook que tanto leí en Buenos Aires con la rodilla rota), cantamos, interpretamos letras sacudidas de arrebato para un tipo de amor a la divinidad que nos envenena la fantasía del cónyuge. Creamos lazos para una semana, nos agotamos juntos, sabemos que el viernes seremos la piedra donde se aposente e impulse el sonido, hacia arriba, hacia ese momento volátil que es la vida de la canción siendo cantada, hacia la nada las palabras dedicadas, hacia esa sensualidad terrible de la entrega consentida lo mismo que te quiero te quisiera, y se me mezcla todo. Porque a veces me quedo sujeta en una frase en medio del Mendelssohn, o me transpongo desde un fa re si mientras la masa del coro me canta por detrás, y cuestiono la verdad. Sólo sé que ya no entiendo nada, sólo sé que sigo por inercia, sólo sé que merece la pena contribuir un milímetro a lo que se crea, sólo sé que más allá no puedo llegar.

lunes, julio 20, 2009

No quiero que te vayas


No quiero que te vayas
dolor, última forma
de amar. Me estoy sintiendo
vivir cuando me dueles
no en ti, ni aquí, más lejos:
en la tierra, en el año
de donde vienes tú,
en el amor con ella
y todo lo que fue.
En esa realidad
hundida que se niega
a sí misma y se empeña
en que nunca ha existido,
que sólo fue un pretexto
mío para vivir.
Si tú no me quedaras,
dolor, irrefutable,
yo me lo creería;
pero me quedas tú.
Tu verdad me asegura
que nada fue mentira.
Y mientras yo te sienta,
tú me serás, dolor,
la prueba de otra vida
en que no me dolías.
La gran prueba, a lo lejos,
de que existió, que existe,
de que me quiso, sí,
de que aún la estoy queriendo.

miércoles, julio 15, 2009

Desde Valparaíso a Bilbao

Cuando estaba en Valparaíso en febrero y Amaia me dijo desde este lado del mundo te vienes a cantar y a pasar mi cumpleaños a Euskadi en julio, mi vida estaba tan sin enfrascar que me parecía imposible poder llegar. El viernes cojo el autobús a Bilbao.

lunes, julio 13, 2009

Where one relaxes on the axis of the wheel of life

Llegamos a la noche, Lou, vivas y atrevidas, deliciosamente perversas y perfumadas, así debe ser, con un vestido tan maravilloso que no hubiese importado que cantáramos mal, todo nos estaba permitido. Llegamos al cielo de Madrid oliendo a Givenchy gentleman, ese perfume que pensamos que nos marcaría el camino hasta un él. No cantamos nada importante, no cantamos Brahms, no cantamos Billy Strayhorn, pero hicimos nuestras pequeñas canciones for the thrill como La Roux, nos rodearon los que nos aman, bailaron con nosotras, nos alargaron los Tequila Sunrise, nos alargaron la vida.

domingo, julio 12, 2009

Watchmen

¿Rorschach no es un personaje para un Tom Waits joven?

Bambalinas

Como siempre antes de cada concierto me quedo sin voz, se me cierra la garganta, me parece que no podré cantar, no me caben los tacones, se me olvidan las letras. Para aquietarme me he comprado una sombra morada de Mac (aquella mítica de Dior se pulverizó con tanto viaje), la llevo en el bolso vacío del móvil que se quedó, qué alivio, en casa. Descalza subo las piernas desnudas al banco de piedra bajo Felipe IV, hasta aquí sube el olor a verdín del agua de la fuente. El calor es maravillosamente asqueroso, me vuela la brisa el pelo despeinadísimo desde anoche, un rato me quedo con el Asha de Pantha du Prince en los oídos, las tirantas bajadas Summertime, la impresión de que el día se comprime como una pelota que rodase hasta mis pies, esperando de mí un impluso que ahora no tengo pero me invento bajo el calor del sol, dentro de la extraña musiquita que me marca el caminito hasta el concierto, hasta la noche.

Y dice Tom Waits she´s dead, forever dead

Mientras vivo de rodillas en el suelo con el estropajo en la mano, baldeando la madera salpicada de pintura, arrastrando la suciedad antigua que no me corresponde, estoy pensando en que en el luego del mundo que espero cuando viva en el cuarto, me acordaré de que cual Cenicienta clásica lavé este suelo con mis manitos y una jofaina o cacharro en idioma Rementería lleno de agua tibia y jabón de Marsella, me acordaré de que pinté las paredes de blanco después de remozarlas con masilla. Esta imagen mía en el suelo rodeada de olitas de agua jabonosa será un estrato de mi vida en este cuarto, el rito de consagración que le dediqué a este lugar. Así que es de noche y cuelga la bombilla sin lámpara y entra el calor por la ventana ahora rascoteada y limpísima, y yo elevo las tablas de este suelo a la categoría de ambición, con el simple gesto de frotar.

sábado, julio 11, 2009

De noche


Beto me pide que lo acompañe a ver el concierto de su segundo amor. Absolut con hielo y ambos nos enamoramos del dj. Entregados estamos a lo que él nos pinche, for the kill, y quizá sea la poca luz o esa luz rosa y morada que le contraluce en la pantalla, quizá sea ese espíritu vida breve del día que aquí agoniza frente a la noche imprevista, quizá sea el alcohol nuestro de cada día lo que nos deja vivir en paz esta hora y media de música hermosamente elegida sólo para nosotros, que somos los únicos que le bailamos todo. Me la pasé pensando en lo raro que es estar por aquí y llevar a cabo hasta el final todas las veinticuatro horas, la vida de prestado, lo furiosa que ocupo los espacios. Me asombro del alivio que siento cada vez que me muero y lo que me cuesta salir de ese estado de felicidad mortuoria para vivir en este cachito de veinticuatro horas cada día. Entonces, es eso: otra noche que pasa y que esta vez pasa así, con Beto y yo de la mano y con sombreros bajando Fuencarral muertos de amor por el disc jockey. hasta que lo dejo en brazos de su primer amor y me vuelvo a casa Arenal abajo tarareando du stirbest nicht.

viernes, julio 10, 2009

Fumé de pescado nacional


El pescadero se extraña de mi acento y me pregunta de dónde soy. Como su compañero de la mili era de Villamartín se enternece de mi origen, y cuando le pido que me dé las sobras de mi merluza fileteada para hacer caldo me regala unas hermosísimas raspas de rape y de mero que tiene guardadas por ahí. Preparo el mejor litro y medio de fumé de la historia gracias al servicio militar obligatorio.

miércoles, julio 08, 2009

Auf einen Stern zu gehen, nur dieses

Me das la mano y me llevas caminando por la plaza. Nos sentamos en el borde de la fuente mientras tres señores enfrente de esta madrugada tocan Les feuilles mortes. Hay una luna llena brillante sobre el Madrid de los Austrias que es ahora mi Madrid. Me das la mano y podemos sentirnos atrevidamente retrospectivos o distraídamente forward, en este pasto de los sitios públicos que somos. Entonces hay cosas que no termino de entender y que compruebo que no me importa no entender. Sólo tengo que mojarme las manos en el agua y sentir en los brazos un poco el frío de esta noche, dejarme arropar y sin pensar hilar otra línea de nuestra historia que no será historia sino cosas que ocurren a veces, saltados los años. Sólo tengo que avanzar hacia una estrella, sólo eso, aunque ahora mismo avanzo a ciegas hacia la probabilidad de una estrella mía que no está aquí, en este cachito de noche que no me pertenece y existe independiente de mí, tanto que da gloria no tener que sostener la rienda con la izquierda. Me lavo las manos con el agua de la fuente esa esfera de tristeza en la que a veces vivo ahora, me la desprendo este ratito hasta que vuelva. Me dejo sentir el frío nocturno contra la posibilidad de calidez al alcance de la boca. Me dejo sentir esa marea dificultosa que me crece delante y contra la que no hay que luchar, para esta noche le vent du nord les emporte dans la nuit froide de l'oublie. Yo me someto a esta voluntad del tiempo y de las ganas de no estar muerta, a la voluntad de la realidad y del deseo, al innegable reclinatorio que me suponen tus manos, a esa manera de existir que es estar existiendo contigo para esta noche.

lunes, julio 06, 2009

Si bastara con llorar


Si pudiera creerme que la tristeza se cura con truquitos, como la jaqueca.
Si pudiera hacer que dormir fuera tan fácil como preparar tostadas con miel y mantequilla.
Si pudiera sanar con sólo querer sanar.
Si el pensamiento delimitara el sentimiento.
Si bastara con ver la luna sobre la Plaza de Oriente, matarse a yogas, hacer bizcochos con nueces, colgar cuadros, limpiar cristales, dejarse abrazar, coser muñequitos, cantar Into the groove en versión oscurantista, comer chocolate, volver a estudiarme Cefiro torna once años después, pasear con mis amigas, bailar en los bares de ambiente, reírme y estar contentísima, tener libros nuevos de Asun Balzola, volver a Onetti y Nabokov, tomarme las infusiones de las dos de la mañana no sola sino con mi compañero de piso, ir a Bilbao toda una semana, no bañarme en un pantano de Cuenca pero observar en derredor con el agua fangosa hasta las rodillas y las percas rozándome.

sábado, julio 04, 2009

La mujer del ladrón

Celui qui m'aura extraite comme une pièce de monnaie et acquise comme un trésor, qui n'aura pas troublé les larmes de mes yeux et ne se sera pas moqué de mon vêtement, qui n'aura pas empoisonné ma nourriture et mon breuvage...

Volver andando a casa

No sé por qué esta desconocida manía de disfrutar los pasos cuando camino por la noche hacia mi casa, y camino. Pasar por delante de mucha gente que está allí de paso, o viendo, hacia otras partes, y que yo saque mi llave y viva ahí, no más lejos, sino ahí, que mis tacones resuenen en los adoquines y saber que llegará el invierno y pisaré los mismos adoquines con las botas para volver a casa. No sé por qué disfruto tanto de no tener prisa por llegar porque estoy ahí, al alcance de la mano en la que llevo la llave. Y es el mismo gozo o mejor gocito porque es pequeño pero intenso que siento al cruzar la Plaza Mayor cuando no hay nadie, y están las mesas y las sillas vacías, y quizá hay una pareja sentada en los bancos circulares que rodean las farolas. Creo que mi amor por ciertos trayectos madrileños no es la traducción de un amor por Madrid sino un amor por conocer esos trayectos y cuidarlos, porque ellos me cuidan a mí y no me muerden, me tienden sus alfombras coloradas cuando saben que voy a llegar; un amor por el sitio al que volver (aunque los sitios siempre sólo sean míos un rato, son míos, y mi hambre de pertenencia les hinca el diente de través, como puede). Y es también ese fuego sordo que recorre las calles del que nadie nos cura con el que empezaba Rayuela y que busco siempre en cada ciudad, y que en cada ciudad es tan distinto como distinto es el pulso de cada una, y en Madrid más que un fuego sordo matador es un agüita fresca conciliadora.