lunes, julio 27, 2009

Adiós a Bilbao

Sin haberme acostado bajo las escaleras azules para llegar al metro. No tengo monedas y es demasiado temprano para que haya alguien en la taquilla que me acepte la tarjeta. Presiento que perderé el autobús de vuelta a casa. Vuelvo a subir las escaleras azules que no tenía previsto pisar en años. Cuando llego arriba una yankee se está subiendo a un taxi con aproximadamente 54 maletas. Le pregunto adónde va. Me voy con ella. Largo relato con acento Philadelphia de sus correrías europeas. Le doy unas galletas, le ayudo al llegar con su equipaje hasta su destino Valencia. Espero mi autobús con paciencia y con Rufus. Cuando llego a Madrid me voy directa a la oficina con la mochila y el ramo de lirios. No me doy cuenta de que no me he despedido de Bilbao hasta que por la noche llego a casa, y al colocar los lirios en el jarrón recuerdo haber cerrado los ojos ante el paisaje de Euskadi, haberme dormido hasta Burgos, haberme distraído del rito del adiós por falta de monedas.

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