domingo, julio 12, 2009

Bambalinas

Como siempre antes de cada concierto me quedo sin voz, se me cierra la garganta, me parece que no podré cantar, no me caben los tacones, se me olvidan las letras. Para aquietarme me he comprado una sombra morada de Mac (aquella mítica de Dior se pulverizó con tanto viaje), la llevo en el bolso vacío del móvil que se quedó, qué alivio, en casa. Descalza subo las piernas desnudas al banco de piedra bajo Felipe IV, hasta aquí sube el olor a verdín del agua de la fuente. El calor es maravillosamente asqueroso, me vuela la brisa el pelo despeinadísimo desde anoche, un rato me quedo con el Asha de Pantha du Prince en los oídos, las tirantas bajadas Summertime, la impresión de que el día se comprime como una pelota que rodase hasta mis pies, esperando de mí un impluso que ahora no tengo pero me invento bajo el calor del sol, dentro de la extraña musiquita que me marca el caminito hasta el concierto, hasta la noche.

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