lunes, julio 27, 2009

Doce directores

Los directores se ponen delante nuestra. Con su cuerpo, con sus manos, nos dictan la manera de su música. Uno tras otro son ellos delante tuya y tú eres una cuerda o un émbolo que pulsan para llegar a esa cosa tan extraña que es la obra, el opus, lo que otro señor dictó desde su alma a las estrellas. Te conviertes al cantar en un cuerpo celeste, puro impulso, porque te están llevando, aunque seas tú la que llega otros te transportan adonde querían ir, a un sitio que conoces desde dentro pero que no podías verbalizar, armonizar, descajuaringar de esta manera en la que ellos sí pueden. Y tienes tus directores favoritos como tienes tu motete favorito, tu segunda sinfonía, tu novela de Boulgakov. Y te agotas al seguir a los que no caminan como tú. Y comprendes que Hacienda hace bien al meter en la misma categoría impositiva a los directores, los toreros y los saltimbanquis. Y quieres que alguien te camine más allá. Y Bach.

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