martes, junio 30, 2009

La noche de San Juan

En el agua las piernas, con leves olas. En la playa, con mi amiga. Una noche raramente cálida, las constelaciones vivas. Y nosotras arropadas en chales patagónicos mirando los fuegos artificiales de Cádiz, de Rota, y una sola fogata detrás. Son las doce de la noche y es la noche de San Juan. Con la sola intención de que haya magia la hay, porque sólo darte cuenta de que vienes de lejos y de que estás contra todo pronóstico en un lugar tan tuyo que es tu casa, de que contra todo pronóstico bajas unas escalinatas en la oscuridad y llegas a la playa, de que contra todo pronóstico le preguntas a alguien ¿te acuerdas? y resulta que sí, que se acuerda, como decía aquel libro, ésa es la magia, que sea una noche y no estés en casa, que estés fabricando un cachito de tu vida, que te puedas meter en el mar y reírte con tu amiga de todo lo que pasa y observar esos hilitos de tiempo que nos van ensartando los días y nos llevan siempre a la misma playa. Entonces pides un deseo, aunque ya tienes tu deseo: estar viva, con tu amiga.

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