domingo, julio 26, 2009

Lo raro es vivir

Son las cuatro de la mañana y no puedo dormir. Me pongo unos vaqueros, una camiseta, cojo el cuaderno, las llaves, una pluma y la cajita pequeña de bombones de Mamuschka y subo por la calle Mayor, desierta y apetecible con sus farolitas anaranjadas. Llego a la Plaza y está llenísima de gente: gente sentada en las sillas de las terrazas de los bares cerrados, gente subida al escenario, gente en los bancos circulares, vagabundos durmiendo en los soportales, extranjeros que cruzan volviendo de una noche, un señor paseando a su perro. Me siento un rato, y me siento un rato. Inspiro, exhalo, recibo un par de mensajitos, envío otro par, me vuelvo a casa.

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