martes, junio 30, 2009

Sentada en el suelo contemplo el trabajo de la máquina


He encontrado una librería de viejo y me he hecho amigota del librero, gracias a Witacky. Tengo una cocina que me permite sentarme en el suelo delante de la lavadora para ver cómo giran las ropitas. Me miro el ombligo, me veo crecer, me veo fructificar. A veces estoy agotada, otras me pletorizan los alveolos. Hoy para que me diera la escalera de tijera y un destornillador de estrella he tenido que escuchar la queja interminable de la portera contra el servicio de salud de la Comunidad de Madrid. En mi trabajo son todos gays, me viene fatal. Ya han venido a ver mi nuevo castillo Patricia y Curro. Estuve sentada en la terraza del Central. He visto un vestido rojo en un escaparate. Estoy de gotitas de pintura hasta las cejas. Pinté una silla encontrada de celeste Nepal, según mi ex compañero de piso, el del padre desfalcador de millones de dólares y prófugo de la no justicia argentina. Me pregunto quién ganaría en un combate Hannah Arendt versus Oriana Falacci. No tengo cama. Echo de menos a Calígula con una intensidad quizá exagerada, aunque sé que está mejor, cazando sus cucarachitas de madrugada y chupándole los tobillos a mi padre cuando se queda sin comida en su cuenco. El 18 me voy a Bilbao, el domingo doy un concierto, hace calor, you're going to rise up singing.

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