viernes, agosto 21, 2009

Ah, pero ese hambre es inigualable

This is how it works: los hombres tienen más espacio para equivocarse, nosotras sabemos que toda posibilidad se pierde y se va por el sumidero si no se la hace fructificar, que hay que atrapar las palabras y los deseos por la cola para que pasen de lo etéreo a lo corpóreo, ellos toros van raptando Europas y Calistos con esa premura relajada del que tiene todo el tiempo del mundo por delante. El otro día hablé de ganas ganas ganas y he estado pensando en esas ganas en los siguientes términos: ah, pero ese hambre es inigualable. Precisamente porque el arrebato no es amor de construir ni amor de mórulas, es el preludio de lo que no será, son las ganas ganas ganas de rapto, en su otra acepción. Vivir ahí no es femenino ni masculino, creo que es el único lugar en el que nos podemos encontrar las unas y los otros verdaderamente, en el roce al paso, la mirada fugaz entre las sombras, el cuerpo abierto en dos, el hambre inigualable, luego nos bifurcamos inevitablemente. No sé, me dolería bastante trasladar ese hambre perenne mío por ti a otro (aunque sin embargo a ratitos y a pequeños milímetros cuadrados). No sé, me cansa bastante no tener un amor Lego con el que construir universos. No sé, ahora tengo más espacio para equivocarme.

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