miércoles, agosto 19, 2009

Deus ex machina

En los momentos más desgarrados, cuando crees que si no te mueres te morirás, algo inesperado siempre te rescata. Alguien que no es uno de los que te quieren, un desconocido que no te conoce, te sale al encuentro y te muestra un pedacito posible del camino. Y así Gloria cuando todavía no era mi madrina me dio la fuerza que yo no tenía una mañana de domingo; y así un pianista que ahora es mi amigo Igor me subió al escenario a cantar My funny Valentine en aquella noche en la que después de clase de ruso me volví literalmente loca; y así Solange apareció con la parafernalia de reconciliación con la vida (alfajorcitos de maicena y pepas de confitería) por la terraza donde recibía mis visitas en aquel día en el que sin quererlo me hubiera tragado todas esas pastillitas que ahora guardas en tu cajón; y así el médico de Mendoza me abrazó y me dio su bendición en aquel día guárdate de los idus de marzo; y así Chantal me dio vino y costura; y así quiero yo también ser agüita que calme levemente alguna sed, quiero ser ese artefacto misterioso e inesperado que baje la escalera y tienda su manito a esos amigos y amigas míos que ahora sufren bajo la luna nueva y no saben, no saben dónde queda babor y dónde queda estribor, si alguna vez eso que les pasa se terminará y quedará lejos y pequeño. Quiero cantaros nanas y susurraros ea ea coi coi, no quiero que sufráis tanto, así que aquí estoy, hígado en mano, toda vuestra.

2 comentarios:

SoLciTo dijo...

¡Ayyy Inma me hiciste llorarrr!
Pienso que no te das una idea de cuánto te hiciste querer, para cualquiera que escuche la historia pensará que es una locura, pero yo creo que es una locura bellísima.
¡Gracias por existir, querida brujita!
¡TE EXTRAÑO MUCHO!

Piticli dijo...

impresionante, como siempre. Un besazo