lunes, agosto 24, 2009

El oficio de vivir

Los que verdaderamente me quieren, a través de los años, los que verdaderamente me conocen, tú, Rodrigo, que me has criado en la música, tú que me hiciste de padre espiritual y de amante y de amigo y de hermano, tú que me llevaste a las lágrimas y a la emoción, al desplante, tú al que traicioné, tú para el que me desnudé y me volví a vestir hace tantísimos años, tú que ahora me dices que cómo una mujer como tú, o más bien, cómo tú, tú al que he visto sufrir y componerse estos últimos quince años, hacerse y perder el pelo, tú al que muchas veces le quiero no hablar con Gesang der Geister über den Wassern de fondo, tú que realmente me quieres y al que realmente quiero (y qué poco nos vemos), tú que eres para siempre el espíritu del liberame de mortem aeterna; tú me dices que me equivoco y sé qué es cierto, que me equivoco. Pero para mí es tan difícil encontrar el cómo, es tan difícil no hacer otra cosa que vivir, dilatar mi verdadero oficio y ponerme obstáculos hasta lo indecible, dedicarme sólo a caminar por Madrid y encontrarme por casualidad a gente que conozco, caminar sola por la noche y preguntarme cómo una mujer como yo, cómo yo, y sentirme tan absurdamente absurda, tan absurdamente sola, tan absurdamente deshecha que lo único que puedo hacer es rehacerme (Schicksal des Menschen, wie gleichst du dem Wind!) y darme aún un poco de espacio para averiguar ese cómo con acento que se me escapa entre los otros comos sin acentos que sí soy.

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