martes, agosto 18, 2009

La vida de los otros

Me columpio. Es de madrugada, quizá las tres. Hay matas de romero alrededor y un silencio falsamente campestre. Hay otros cuyas vidas no se parecen a la mía, a veces los veo y me columpio a su lado mientras ellos se sientan disfrutando de lo que llaman paz, de esto que llaman cielo (y recuerdo aquellas galaxias). Hay otros que viven sus vidas mansamente y no necesitan forzar la máquina ni ponerse a prueba (y yo quisiera ser placable y hacérmelo más fácil).
Es de madrugada y yo me columpio mientras las farolas anaranjadas estropean la posibilidad de la noche en el descampado, mientras algunos otros saborean felices su suerte de poseer, sus elecciones, su vida inamovible, certera, esos algunos otros que sacan mojito preparado de una botella en vez de machacar la yerbabuena con la mano del almirez.
Me pregunto. Y al preguntarme y caminar por este territorio de algunos otros les vislumbro el suspiro que suspirarán en otoño, cuando cualquier tarde al volver del trabajo lleguen a casa y se quiten los zapatos para no molestar al vecino de abajo, ese suspiro del que llega a su finca y posee un tiempo con cortina y sábados y domingos y despertador de cada día. Y no me pregunto y me gusta ser yo (y recuerdo mis viajes y mi vida y mi hambre y a ti), y al caminar junto al territorio de algunos otros les vislumbro el suspiro que suspirarán en el invierno, cuando cualquier mañana al despertarse no sientan dolor horripilante ni felicidad suprema (y recuerdo las mañanas en que delante de mí) sino sólo el despertar marcado de ese día eterno que se vive cuando se elige desvivir.

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