jueves, agosto 27, 2009

Pido cariño y cedo la palabra

Me voy a Cádiz dos días a ver si soy capaz de tomar la maldita decisión quedarme o irme, una vez más. Frente al mar, junto a Calígula, al lado de mi madre recién freída en química terapéutica. Junto al mar, frente a Calígula, al lado de mí misma que es el único lado del que tengo que estar. El mar tras los farallones, el mar que llega hasta la otra orilla del mundo, me tendrá que acoger amoroso en su cuna marítima mineral para que yo mecida pueda pensar con menos claridad. Yo, la especialista en las huídas hacia adelante, anhelo un verdadero descanso, un colchón mullidito en el que recostarme, un rato para salir de la desbondad. ¿Me equivoco en mi anhelo? ¿Será verdad que sólo es una ilusión de refugio el refugio que digo querer? ¿Me equivoco al abandonar este mundo de tierno verano de lujurias y azoteas? Ay, Madrid, si yo te quiero, si tú me quieres. Pero viene el invierno, pero quiero una casa, quiero pescado, quiero mi acento, una mesa mía para escribir, quiero cantar en el Pay Pay, quiero leerme todo Michelet en la biblioteca de Letras, sentarme en la Caleta al atardecer, venir a Madrid embadurnada en abrigo una vez por mes con tantas ganas de venir. Tengo miedo. Estoy exhausta de tanto destierro y tantos pinchos y espinas y dolor, quiero un sitio en el Calígula y yo podamos pasar juntos nuestros días (quiero Aduana, en realidad), y tengo esa consabida ansia de sacar mis teteras de sus envoltorios. No sé si me equivoco y se me importa un bledo, quiero dejarme caer.

3 comentarios:

Inma Luna dijo...

Loulou, me sigue encantando tu manera de contar, después de tanto tiempo.
En el anhelo nunca se equivoca uno.

filemon1970 dijo...

¿dónde mejor dejarse caer que en la propia cama?

Loulou dijo...

Muchacha, cuánto tiempo.
¡No tengo cama!