sábado, agosto 15, 2009

Un domingo en Lavapiés

Patricia extraña su antiguo barrio, por eso después de tomarnos un café en el Barbieri decidimos pasearnos entre el olor a fritanga y amoniaco, a ver si se le pasa la nostalgia. Después del baño de realidad que es toda fiesta popular caminamos por Doctor Fourquet y por la trasera del Reina Sofía, buscando Madrid. Pasamos por un bar que se llamó Niestzche, lo cerraron por el ruido, qué tipo de ruido sería el que se generaría, me pregunto. Entramos en la librería pequeñita de la esquina, y por esas extrañas corrientes telúricas que nacen en la desembocadura del Plata y circulan para llegar hasta mí, el dueño porteño del lugar me busca para mostrarme libros preciosamente ilustrados y regalarme un libro de relatos, escritos por él. Patricia no da crédito, y, francamente, yo tampoco.

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