viernes, septiembre 25, 2009

El último aliño


Me como las patatas aliñadas por mi madre y me pregunto cuál será el ultimo aliño, cuáles las últimas tortillitas de bacalao, cuál el último arroz viudo preparados por sus manos, y es esa trascendencia culinaria la razón más poderosa que encuentro para mudarme.

miércoles, septiembre 23, 2009

Veinte


¿Sabes lo que son veinte minutos? Son un amor chiquito después de correr las cortinas, los veinte minutos que tardé una vez en respirarte, los veinte minutos tuyos que gané por correr por el metro para llegar antes. Veinte minutos son una cocción y varios hervores, el rato que hay que esperar para que te cambie el color del pelo el tinte, este tiempo yermo hasta la salida, un tramo de carretera, lo que falta para que salga el tren, son el primer movimiento de la segunda de Mahler. Veinte minutos fueron los primeros veinte minutos de conocerte, veinte minutos son una despedida, un capítulo de Friends, el camino de Congreso a Plaza de Mayo, 21 páginas de Cerca del corazón salvaje, la diferencia entre un puede que sí y un sí o un rotundo no, lo que tarda el catamarán en cruzar de Cádiz al Puerto. Veinte minutos son mi vida exprimida en veinte minutos, son el infierno o el cielo con las manos, veinte minutos son muchos besos juntos que se pueden dar juntos si dos quieren, son los veinte minutos que me faltarían para volver a verte si faltaran veinte minutos para volver a verte.

martes, septiembre 22, 2009

Las cuatro de la madrugada

Hora de la noche al día.
Hora de un costado al otro.
Hora para treintañeros.
Hora acicalada para el canto del gallo.
Hora en que la tierra niega nuestros nombres.
Hora en que el viento sopla desde los astros extintos.
Hora de y-si-tras-de-nosotros-no-quedara-nada.
Hora vacía.
Sorda, estéril.
Fondo de todas las horas.
Nadie se siente bien a las cuatro de la madrugada.
Si las hormigas se sienten bien a las cuatro de la madrugada,
habrá que felicitarlas. Y que lleguen las cinco,
si es que tenemos que seguir viviendo.

En la cola del Renoir


Estamos en la taquilla y una pareja Asesinos natos se nos acerca desde el último puesto de la cola, nos alarga un billete de cien y nos dice que si les compramos su entrada nos invitan a la nuestra. Así que el derecho de ver las cosas que más me gustan de la peli a primera vista (primera escena The Searchers, The Dirty Dozen todo el rato, esa escena en la que Shosanna al ver en celuloide al malo se conmueve, las capacidades lingüísticas del coronel alemán, Morricone) me lo han comprado un señor guapísimo tatuado y con chandal y su novia rubia y cine club porque no quieren perderse las letras del principio.

lunes, septiembre 21, 2009

Wer auch nur eine Seele sein nennt auf dem Erdenrund


Cielo de Madrid pintado de tapiz de Goya, la confluencia de calles de nombres inadecuados, el equinoccio de otoño. Puede ser lunes pero se juega a que sea sólo un día sin nombre en que nos sentamos todavía al aire libre a tomar chocolate, después de haber cruzado las trincheras de Callao. Podemos jugar a que nos reímos y a que nos ponemos tristes mientras verbalizamos nuestras vidas, podemos jugar a escucharnos y a ser mujeres y estar llenas de sentimientos las unas por las otras y a que yo me esté yendo otra vez de Madrid, a llevar la primera manga larga del año. Muchos días se está sólo en pie porque así se está constituido, muchos días daría lo mismo no tener ligamentos que nos sostuvieran ale hop, otros días son hoy por la tarde, una de las últimas tardes con luz y sin abrigo, y os veo y quiero trenzaros en mis días y que me trencéis en los vuestros y que sigamos teniéndonos cariño porque nos es altamente necesario y por el mero lujo del lujo, o por aquéllos que no tienen ningún nosotras.

domingo, septiembre 20, 2009

Cosas que se oyen por ahí


El dibujo es de Rosario Elizalde

Con la uve de barco no, con la otra. Y la i que parece un tirachinas.

Any given Sunday

Los domingos por la mañana son para despertarse al lado de alguien a quien quieres o al menos alguien que te gusta mucho pero mucho, preparar café y desayunar tres veces: primero salado, luego dulce y después más dulce, mientras desde el salón suena cualquier ópera de Haendel.
Si te despiertas un domingo por la mañana y la vida no es así, los domingos por la mañana pueden ser asomarse al balcón de la casa amiga donde dormiste y ayudar a Alfonso a recoger los vestigios de la fiesta de anoche, amontonar platos y vasos en el fregadero y cuando al fin pasas la balleta enjabonada por la superficie vacía de la encimera, prepararte un almuerzo de neoyorquina, que Alfonso te tueste pan, que los demás duerman, pisar la soledad soleada de Gran Vía e irte a trabajar. Detrás tuya queda la mañana de domingo que no fue de Julio César sino de Dido, tus zapatos de tacón abandonados en el piso de mosaico del cuarto donde dormiste, tu vestido nuevo colgado en una percha, tus ganas imposibles. De él, del que no te quiere.

viernes, septiembre 18, 2009

Hombres que aman a otros hombres


Ahí están, todos en mangas de camisa, o con picos intensos sin nada debajo, voraces, guapos, oliendo cada uno a su colonia cara, sabiendo tener ganas de amar, dándome la bienvenida con vesos y abrazos cuando llego peinada o despeinada, dejándome ser la única mujer en sus casas y cocinas y bares y vidas (en qué otras casas podría estar desnuda enrollada en una manta estampada de tigre esperando que se caliente el agua del termo o tirada descalza en el suelo calibrando a Herbert o probándome ropa para salir con tres hombres opinando a mi alrededor sobre el encaje de mi corpiño, de qué otras casas tengo llaves en mitad de la madrugada si no quiero estar sola). Esos hombres que aman a otros hombres y me quieren a mí viven caminándome y mostrándome por Madrid cual si yo fuera perla que se encuentra (dónde estará el que me sueña). Esos hombres que aman a otros hombres me prestan en su espacio un hueco que atesoro como lo que es: quien lo probó, lo sabe.

jueves, septiembre 17, 2009

Wishlist

Títeres y muñecas hechos por mí.
Calígula durmiendo en mi sofá.
Amigos que vengan a visitarme a mi casita.
La tetera de Cerámicas Bariloche perenne sobre la mesa.
La cafetera perenne sobre la hornalla.
Un solcito de mañana sobre la hierbabuena del balcón.
El libro que yo escriba.
Once canciones de las Antiparras en una contraportada.
Un concierto por semana.
Publicarle los poemas a mi padre.
No tener ganas de asesinar a mi madre todo el tiempo.
Hacer el canelo con mis hermanos.
El mar.
Un tórculo aunque sea chiquitito.
Volver a la cocina de Chantal.
Conocer la nueva cocina de Alejandro.
Seguir siendo Tita para mi sobrina.
Você embrulhadinho num papel monumental.

Esa certeza o el nombre por el que nos llaman

Cómo es que se dice cuando sabes que no existe otra vez una plenitud. Cómo es que se dice cuando no tienes ni puta idea de cómo seguir. Cómo se puede intentar contar esa historia del bombonero vallisoletano que se murió dejando la bombonería y la receta milenaria y secreta de herencia, y sus hijos tras la animadversión fabrican los mismos bombones pero cada uno en una pastelería diferente, unos cuadrados y otros redondos, para diferenciarse al menos en la forma, cuando cualquier sueño que no tienes te parece ni siquiera inalcanzable. Y hay un papelito amarillento dentro de un libro y tú te lo encuentras, y te dedicas a pensar que si no piensas no existirá lo que no piensas. Y cómo se dirán estas ganas de desaparecer diez minutos de la faz y del anverso del universo, ese anhelo de sólo diez minutos de descanso, cómo se dirá esa ambivalencia de poder y no poder, cómo se cifra la desmesurada vehemencia si la amarras a la cincha de esa tristeza borradora que de pronto te atiza en la frente cuando andas desprevenida. Cómo se vive si no sabes y sí sabes al mismo tiempo. Cómo crecerse otro nombre, cómo responder a otro nombre, porque somos lo que nos llaman quienes nos llaman así mientras así nos llaman, si de pronto ni ganas de que nos llamen de otra manera, si de pronto todas las ganas de que por dios nos llamen de otra manera. Cómo es que se puede hacer otra cosa que no sea escuchar Pearl Jam a todo volumen con las ventanas abiertas. Cómo se dice esa asquerosa capacidad de recuperarse de algo como esto, cómo respetarte a ti misma cuando eres capaz de reponerte de algo así. Cómo no estar contenta de poder, aún, seguir un ratito más, viva, un ratito más.

miércoles, septiembre 16, 2009

Bacalao al pil pil


Dejo Valladolid. Al pasar por la esquina de la calle Panaderos me tengo que volver porque huele a bacalao y a alhucema; me asomo a la puerta de la tiendita y allí está el ultramarinos: el Vela de la Placilla de mi infancia o cualquier almacén de Valparaíso. El dueño gordito además de venderme un vino de Toro me cuenta cosas de su escaparate y me regala una receta de bacalao al pil pil. Yo me siento niña con sombrerito de paja entre tanta mercadería brillante y arquitectónica, los sacos con legumbres, los botes de conservas de cristal, el olor a especias de verdad, los bacalaos y los jamones grasientos colgados, las miles de botellas en fila. Tiendas así sólo significan que hay gente que se sigue tomando la molestia de comprar los primordiales para luego preparar salsas y caldos, aclarar y encrasar esas salsas y esos caldos, marinar bichos muertos o albardarlos con tocino, fedegar hojaldre para hacer volovanes rellenos de cosas complicadas, liar croquetas con carne de puchero, en vez de comprar esas porquerías prêt-à-porter que vienen en un potecito de plástico transparente y se comen obligatoriamente frente a OT o Lost. El señor gordito se queda detrás de sus montañas de amor estrafalario por la vida y yo me voy a sus antípodas, a la estación de autobús, con mi vino de Toro y la última esperanza de que el mundo aún no se va a la mierda.

El peluquero bisojo


El peluquero de Bea se acerca mi pelo mucho a la cara porque no ve ni torta, yo estoy tranquilísima inexplicablemente mientras él me corta y veo caer los mechones de mi melena alrededor. Me inquieté antes, cuando mientras estaba poniendo el colador al revés sobre la taza le pidió a la señora a la que le acababa de dar el tinte y para la que preparaba un té que le buscara sus gafas porque se las había quitado y no las encontraba (como me pasa a mí por las mañanas). Lo que sí que me preocupa es que prácticamente se mete las puntas de mi pelo detrás de los cristales de las gafas y se puede sacar un ojo con las tijeras. Corta con tacañería, yo que quiero deshacerme de las puntas históricas que tanto han visto y que están ya incandescentes y él que si la melena salvaje que si Barbarella: el primer peluquero anti-mutilador y pro-cardado del mundo. Y tenía que ser bizco.

martes, septiembre 15, 2009

Agarrada al estribo de Don Quijote


Agarrada bien sujeta al estribo de don Quijote para no tentar al vértigo, para llevarme el paso al paso de Rocinante, loca poseída, canto. Desde arriba perfecto espejo quieto y nocturno esa lagunita que durante el día es un charco repugnante. Ojos cerrados. Canto. Ojos abiertos. Canto. Mi voz sola me canta y yo la oigo, es esa voz que se nace cuando quiere, que se llega cuando quiere llegar, a veces, sola, cuando sin guardia quiere cantar y ser ella la canción y que tú disfrutes sin voz el sentimiento. Desde abajo deben de pensar que es el Luigi Bosca o mis ganas de ombligo las que me impelen, no tengo prisa en que sepan que yo soy así siempre, que me escalo a las estatuas y que tengo una voz como otros tienen cuatro dedos en una mano o una mancha de nacimiento con forma de caballito. Le canto Cole Porter a don Quijote; hasta que no me bajo de la estatua no soy consciente de que he estado cantando a voz en grito en el monumento de Plaza de España, a las tres de la mañana. Qué tremenda felicidad pequeñita.

La otra Castilla también es ancha


Dormito en el autobús, cada vez que me despierto veo el mismo campo amarillo, y me invade el oído un trozo distinto de la partita número 4, mi favorita (seguramente porque está en re), me la he puesto en el repeat (una de las cosas que más me gusta de viajar en autobús cuando casi no he dormido son esos trocitos de música que no escuchas mientras dormitas). Y llego a Valladolid que me produce la misma impresión que me producen siempre todas las ciudades cuyo suelo primero que piso es la estación de autobús: el reflejo del cero amor aparente por la vida, corazón tan seco, aunque sé que es sólo un síndrome estación. Luego camino por el frío y las calles honestas y esas plazas con fuentes no de adorno sino de llenar cántaros y abrevar mulas y le pregunto a los policías con acento por dónde ir, y me meto las manos en los bolsillos de la chamarreta y miro los rótulos de las calles y los colores de las paredes y las rejas de los balcones y ya estoy en el viaje. Aunque en realidad no he venido de paseo sino a ver a Bea, la emoción del espacio nuevo posible, la posibilidad de la anchura, es la mejor parte tentación de los traslados, aunque en realidad yo ya no miro esa tentación con hambre de saltadora de trampolín, sino que la observo desde el otro lado del escaparate, del lado del que no quiere comprar, del lado del aller-rétour, s´il vous plaît.

lunes, septiembre 14, 2009

La entrada para el Real


Bajé a comprar el pan y de paso me acerqué al Real y compré una entrada para Lulu, la última que quedaba. Mi última noche de esta temporada en Madrid la pasaré con Berg.

viernes, septiembre 11, 2009

La fiesta


Cócteles de Tanqueray con demasiado Tanqueray coloreados a lo Ruiz de la Prada. Gente vestida con ropa para niños, Patricia estrenando sus zapatos somelikeithot, yo vestida una vez más de pedida de mano: pantalón blanco y blusón celeste maya anudado con lazo a la cadera, tacones asesinos. Nos vamos a la Fresh Gallery donde me apoyo en el mural inaugural que me mancilla el brazo. Me acerco a Topacio, una señora antes señor que muestra orgullosa sus tetas de dueña de galería (si yo las tuviera así también las enseñaría), para pedirle algo para limpiarme, pero ella ignorando mi piel performance y después de un gritito exaltado sale corriendo a ver si el mural (horroroso, por cierto) sigue intacto. La gente que pertenece está en Yves Saint Laurent o en Loewe, las arribistas se pasean por Serrano con la bolsa dorada de propaganda de Vogue. Nosotros volvemos a la tienda y nos seguimos tomando esos horribles cócteles mientras nostalgiamos sobrinas a las que regalarles chubasqueros multicolores y vestiditos de princesas.

jueves, septiembre 10, 2009

La princesse foudroyée


No voy a París desde que fui a ver la retrospectiva de de Staël. Qué viaje. Sola. Cuatro días. Uno de por qué lo llaman amor cuando quieren decir sexo y tres de casi tirarme al Sena. Qué viaje. Lo recuerdo y me dan ganas de escribir una novela. Lo haré. Quizá quería hablar de Nicolas que se tiró por la ventana y de mí cuando frente a Le concert, su último cuadro y el cuadro último de la exposición, decidí. No, tampoco quería hablar de eso. Quería acordarme de París, mi París, y de la música, mi música, de mes parcours, quería acordarme de mí misma. Quería verme hoy, ataviada, subiendo Arenal, tarareando Ain't mishbeavin' y averiguar si soy la misma, si soy yo revisited, si por alguna razón misteriosa o destino sempre me quis só, si desde aquella Loulou que leía Le pont sur la Drina en el tren y escuchaba Coltrane y Mingus y cocinaba cocinaba en una excelente olla de hierro esmaltada en naranja y una fuente de horno vitrificada que es la mejor que he tenido en el universo y coleccionaba fotos de Vissostsky y a Witacky (que también decidió matarse sólo que de manera más polaca), y llevaba botas incluso en julio, hasta ésta que se pone tacones y se pinta los ojos y prefiere a Keith Jarrett (el otro día cuando mi padre me llevó al autobús ponían The black saint and the sinner lady en la radio y casi que lloro de nostalgia mingusiana mientras a mi padre le rechinaban los dientes de la molestia), lee el mismo libro de Hemingway una y otra vez, cuyos cacharros de cocina (otros) andan en cajas, ésta que no cocina nada, ésta que ahora no decide nada frente a ningún cuadro, hay alguna diferencia. Yo era mucho más difícil de manejar entonces, tenía 27 años, me comía las guindas de todas las tartas y dejaba el resto en el plato. Entonces no viajaba, me mandaba mudar como loca sin destino y mi vida era una carrerra desesperada de lucha por encontrar un cachito de algo, historias de algo, brillos de algo. Sigo siendo yo pero revisited, domada por mí misma, ya no ciega, menos asalvajada y más salvaje, subida a los escenarios, con el timón agarrado, demasiado velamen sin embargo, como ternuras en mi vida de Staël y Witkiewicz. Me estoy desviando tela y en vez de un post me estoy tomando un té conmigo misma. El caso es que no puedo dormir y no entiendo por qué. El caso es que me está empezando a dejar de doler respirar. El caso es que quiero mirar París desde la bahía de Cádiz. El caso es que son las cuatro y media de la madrugada y hay alguien despierto en el edificio de enfrente y no entiendo por qué elijo siempre vivir mi vida de la manera más complicada posible. El caso es que son las cuatro y media de la mañana y acabo de ver Miller's Crossing y me gusta cómo he elegido vivir porque al final me ha salido un dibujo chulo. Aunque mucho dolor en el camino, parir este retrato maldito me está costando demasiada sangre, tiene que haber una manera más fácil: quiero el truco, quiero la llave, quiero el pincel, y si no consigo ninguna de estas cosas quiero al menos que cuando tenga cincuenta y uno o cincuenta y cuatro años (además de haber vivido en París), si me sigue doliendo todo de aquella forma que ahora se diluye, pueda enfrentarme al vacío con una obra a cuestas como la de ellos dos.

miércoles, septiembre 09, 2009

Divorcing Loulou



Ambos cónyuges se dan libertad para organizar sus vidas por separado, cesando la obligación de convivencia y reconociéndose completa libertad para regir su persona y sus bienes, comprometiéndose, en este acto, a no interferir en las actividades ni vida privada del otro.

Dos granos de trigo

Meto la mano en mi bombacha de campo de Aux Charpentiers, la de lino, y me encuentro todavía dos granos de trigo que recogí en Lobería. Pese a los lavados. Pese a los viajes. Pese a las puestas llevadas. Pese a las veces que la doblé para meterla en maletas se dice valijas y las veces que la desdoblé para colgarla en perchas. Ahí están, los dos granitos que quedan de la espiga que recogí en medio del no camino del campo de trigo una tarde de calor de enero del 2008, esperando que fuera la hora de montar la yegüita, esperando que fuera nuestra hora.
Según Ciro Smith le dijo a Pencroff, de cada grano de trigo en una cosecha salen diez espigas, que son 800 granos. Mis dos granitos fructificarían hasta el mil seiscientos si los nitratos y las plagas fueran en el mundo tan generosos como en la literatura. Pero los regué con mis lágrimas y se han quedado atrapados por siempre en el forro del bolsillo de mi bombacha, sin sembrar, sin nutrir, sin mecerse al sol esas veinte espigas futuras, sin hornear esos miles de panes futuros. Los vuelvo a guardar donde los he encontrado, no puedo tirarlos, no quiero tirarlos. Sé que seguramente acabarán fósiles, putrefactos o doloridos, pero son mis granitos y me duele su desenvoltura de metáfora, me duele su físico y su procedencia, me duele hasta el bolsillo de la bombacha de que existan esos dos granos de trigo. Tengo otro granito de esa misma espiga metido en la caja polaca donde guardo mis zarcillos, pero ése al lado de estos dos es pura escatología.

martes, septiembre 08, 2009

Gaditana gaditana


En la oficina me llaman gaditana. También me llaman drama rural, pero ésa es otra historia. Me gusta que me digan gaditana. Ahora que me voy a vivir a Cádiz nadie me llamará así, allí son todas más gaditanas que yo. En Argentina era galleguita, y en Madrid soy gaditana, y eso me da un sentimiento de pertenencia que nunca tuve y me empezó a crecer en Avenida de Mayo y cada vez que canté Ojos verdes con quejío incluído o cuando frente a la montaña patagónica lloré escuchando ese pedazo de pasodoble que terminaba diciendo para morir sin ti hubiera preferido no ser gaditano y que todavía si lo escucho bajito de noche y con espíritu, ay, me pone los pelitos gaditanos de punta gaditana, o para qué mentir, cada vez que lo escucho me eriza el sentimiento. Y por eso debe de ser verdad que soy gaditana, porque si no no se entiende que Chano y yo sintamos la misma alegría callada frente a ese cachito de tierra marinera que allí lejos, allí, al sur, se sostiene bastión sobre la piedra ostionera comida de sal y para nada, para el sol, sólo para que las gaditanas seamos gaditanas gaditanas.

Physiologie du goût

Creo que puedo saber mucho de mi verdadero estado animal, o sea de mi ánima, quiero decir, por las cosas que cocino, o más bien, por las cosas que ya no cocino y que antes eran el pan nuestro de cada día. Me he puesto a pensar en mis dietas anteriores y en mi dieta actual y sí, ciertamente me descuido tanto como si ciertamente me diera todo igual. Para muestra, bastan unos botones de mis ex-habituales platillos de entresemana, unos botones que me dan vértigo, ahora me siento incapaz de elegir échalottes, puerros o un buen trozo de carne que meter en una fuente y rociar con caldito casero y Chardonnay. Algunos botoncitos:
Pechugas rellenas.
Lasaña.
Croquetas de jamón, de pescado, de carne de puchero.
Puchero en sí.
Pollo con salsa de almendras.
Carne mechada.
Buñuelos de pescado.
Carré relleno con salsa de mostaza.
Pescados a la roteña.
Tartas de hojaldre con rellenos salados.
Dorada a la sal.
Mejillones al vapor.
Estofado.
Champiñones y setas salteados con huevo y jamón.
Boquerones en vinagre.
Cuscús.
Berenjenas rellenas.
Ensaladilla rusa.
Albóndigas en tomate.
Callos.
Sopa de espárragos.
Lulas rellenas.
Alboronía.
Flamenquines.
Almejas a la marinera.
Caldereta de judías.
Carne en salsa.
Bolitas de patata.
Huevos a la flamenca.
Paella.
Arroz con carne.
Cremas de verduras.
Pasta con pesto, a la carbonara, a la boloñesa.
Tortillitas de bacalao.
Sepia a la plancha.
Carnes diversas al horno.
Flanes, bizcochos, tartas de manzana, arroz con leche, galletas, sultanas de coco.

lunes, septiembre 07, 2009

Only angels have wings

Aunque preferiría que Walter Brennan hubiese hecho de Dutchy y una Veronica Lake para el papel de Bunny (que termina haciéndose odiosa en manos de esa blandengue), no me canso jamás de ver esa película. La puedo ver dos días seguidos, tres días seguidos, y al día siguiente volver a tener ganas de verla. Es lo primero que me he bajado cuando me han devuelto el Mac los inútiles del servicio técnico, comedores de discos duros ajenos. Es la primera película que he visto en esta casa en la que vivo y en la que dejaré de vivir dentro de tres semanas. Hay otras películas que me gustan mucho más, pero ésta es de las que más me gusta ver.

domingo, septiembre 06, 2009

Canción para este día


Quiero escribir cosas felices, me digo apoyada en la misma barandilla en la que hace más de un año me apoyé, mirando los mismos tejados que hace más de un año miré, con la misma camiseta con la que hace más de un año hice estas mismas cosas, hay foto. Hoy estoy descalza sin embargo y acompañada por bastante menos gente que aquel día. Es raro cómo pasa el tiempo, quiero decir de qué manera el tiempo nos pasa y nosotros le pasamos a él. Yo ese día estaba desazonada intentando que él decidiera que se quedaba conmigo, pensando si irme o quedarme en Madrid de todas maneras, todavía convencida de que tenía un deber Oteguipérez de cruzar mares y romper puertas pese a todo, eso o morir: rendirme y dejarlo ir, solo, a su vida.
En realidad lo que pensaba hoy era que yo era una figura de mí misma, era yo en el mismo lugar pero de otra manera, con el pelo de otro color, que era Madrid de quien me despedía de nuevo y de nuevo me decía que volveré. Ante mí en la barandilla se extendieron los días pasados más que los días por venir, y por eso mientras por un lado vivo en luz y en días cansadores que despeino bajo el cielo madrileño, mi esternón se clava en sentimientos indebidos, en dolores tan viejos que ya sabemos cómo giran y desgiran; mientras yo planifico peinarme con trenzas frente al mar y desayunarme séptimas disminuidas, me acuerdo de que ese día, de que he ido y he vuelto y me he mudado y he mudado y todo ha mudado y todo se ha mudado, ha llovido y las alcantarillas se han tragado el agua usada, mi famoso esternón se ha empeñado un millón de veces en el mismo error mientras yo yiraba por ahí y vivía otra vida fuera de mi pecho, más allá de la barandilla. Es justo que sea así, que haya dos canales de escucha, que yo pueda seguir sin despedirme de mi duelo hasta que se muera solo mientras vivo más muerta que viva este cómo será mi piel, cardo o ceniza.

Líneas cruzadas

El otro día, intentando llamar a mi madrina, se cruzó la línea y esto es lo que oí, con acento marcadamente argentino, tajante y dolorido: "Es un monstruo, no es un ser humano, ni siquiera es un canalla. Él y su padre no son seres humanos." Se me pusieron los pelos de punta y colgué, horrorizada.

viernes, septiembre 04, 2009

A night in the life

Algunas noches coinciden los sentimientos de los participantes, y todo el mundo con el que quedas atraviesa una crisis que quiere asesinar nocturnamente, y es como dice Clarisa: cuanto más abajo el ánimo más arriba las tacones. Y se busca la noche en sus centros nocturnos sin ventanas y en sus luces y en esa música moderna que es como tambor tribal que te acompaña en el baile hacia el olvido y la sublimación de la sangre que bombea el corazón en el cuerpo que se mueve y acompaña a la gente a tu alrededor que se busca y quiere estar viva de tanto como le duele estar viva. Yo lo cuento así pero es otra cosa, es como una savia que verdea los bracitos y una alegría contagiada aunque artificial de tanta hambre como tiene de ser, y vuelvo a contarlo así pero es otra cosa. Me gusta pensar que la vida está llena de estas confluencias de una noche en la que podría pensar que simplemente me encontré con amigos y fui a bailar, pero raramente puedo dejar las cosas ahí, en ese sitio ya brillante (tener amigos, quedar con esos amigos, querer a esos amigos, que esos amigos me quieran, poder salir a la calle por no estar coja o tuerta, ser capaz de seguir un ritmo con más o menos pleitesía, no desfallecer sobre los zapatos, tomar Absoluts con hielo), pero para mí es insuficiente decirlo así, sentirlo así. A veces te encuentras con gente y estáis todos en el mismo sitio, y hay un latido común que no importa y se olvidará mañana pero está, y la vida es una porquería y no por bajar las escaleras Quinto elemento del Cool se vuelve más preciosa, pero al menos se comparte el espacio de la ligera locura que supone bailar, apasionarse en las junturas de las rodillas, aposentar tus articulaciones en el ansia de vivir unos centímetros más, una noche más, una mañana de mañana más. Sólo me gusta pensar que es posible vivir sin sentir asco por estar viva.

Pizza conmigo

Amasar es casi religioso, no sé, me parece. El olor a harina y levadura, esa cosa como hogareña, las ganas de tener una mesa inmensa de madera sin lustrar en la que desparramarse enmedio de la cocina, las ganas de tener gente alrededor para la que preparar pan para la merienda y el desayuno, ver cómo la masa crece y se hincha tanto como el amorcito que se le pone a las manos que la mezclan y le dan espacio dentro para un aire que las leve. El sustituto madrileño a esta vida de paz en el viñedo es llenarse de harina hasta las cejas y hasta la falda negra y amasar pizzas para los amigotes bajo las dicroicas y sobre una mesa de plástico blanca de diseño inconvenientemente baja. Llevo tu receta dentro del cuaderno, me la sé pero la leo cada vez como para acordarme de todos esos días en que hemos amasado en nuestras casas sucesivas y en otras casas, del último pan de centeno que me hiciste en Bariloche. Amaso en honor a otros amasados, y quizá por eso sea religioso, por la conmemoración y el rito tranquilo, por ese momento azul y solo que siempre llega en un momento determinado cuando estás estirando la masa en que te quedas sola con ella (como cuando esperaba el latido del paciente con el estetoscopio en los oídos, como cuando se apagan las luces del teatro antes de que empiece la obra, como cuando el contrabajo). Y después de los sofritos y los horneados y la mozzarella y los morrones y de extrañar la fugazzeta de Güerrín, soy feliz porque varias personas a las que quiero se lo comen todo, y me puedo ir a casa en paz.

jueves, septiembre 03, 2009

A day in the life

Preparo mero con salsa de gambas en una cocina inmensa y tan chic que los mangos de las sartenes son de vidrio naranja, los platos ovalados, los vasos verdes, la sal del Mar Caspio. Mis dos comensales llevan gafas de sol de marca para estar dentro de casa, juegan al Facebook mientras yo sobre los tacones azules le doy vuelta a los filetes de pescado tamaño Barbie. Después del almuerzo nos vamos de callejeo, salimos de Isolée oliendo a Comme des Garçons, nos probamos los abrigos de El Ganso, les hago fotos con todas las chamarretas camperitas cazadoras de otoño de Blanco, compramos gominolas en Oomuombo, y luego vamos a Have a nice day donde yo me pruebo todos los vestidos morados, violetas, lilas y fucsias de la tienda en el mismo probador donde Letizia, a lo que dice una plaquita que hay en la pared, estuvo, se probó y compró no sé qué día. Ellos dos se sientan en los sofás de terciopelo y me ven desfilar cada vez que salgo de detrás de la cortina colorada. Me acaban eligiendo un vestido trapecio y raro pero que parece mío desde que lo vimos colgado en la percha. Me lo llevo amorosamente envuelto en papel de seda para ponérmelo encima, en cuanto se haga de noche.

miércoles, septiembre 02, 2009

Purifico la realidad

Huelga decir que todo es literatura: el amor, mis no romances, la luz de las farolas, Madrid, el mar. Estremezco la realidad con mi palabrería para tragármela más dulce o más salada, menos insípida, menos vida. Y el dolor da relumbre, y las ganas abrillantan. Y yo que chiquita esquivo el mundo con la esgrima de palabras que dios me dio.

martes, septiembre 01, 2009

Don't wait too long

Bajo por Arenal ajustándome la ajustada falda, a ritmo de swing, dejando entrar la noche madrileña y esa pobre brisa en mi vida, calculando en este primero de septiembre las noches de Plaza de Oriente que me quedan, oliendo el otoño que se aproxima, sopesando el año tumultuoso que llevo a mis espaldas, saboreando por adelantado esos días suyos regalados que sé que no me esperan, pensando en Calígula a quien vi un día y medio y le di leche con mi dedo y amor con mis corazones, echando de menos el levante, adorando una vez más a Thomas Hudson, pensando en jugadas posibles para esta partida de ajedrez a muerte que me juego cada día, pasándole el difumino a tantas cosas.