martes, septiembre 15, 2009

Agarrada al estribo de Don Quijote


Agarrada bien sujeta al estribo de don Quijote para no tentar al vértigo, para llevarme el paso al paso de Rocinante, loca poseída, canto. Desde arriba perfecto espejo quieto y nocturno esa lagunita que durante el día es un charco repugnante. Ojos cerrados. Canto. Ojos abiertos. Canto. Mi voz sola me canta y yo la oigo, es esa voz que se nace cuando quiere, que se llega cuando quiere llegar, a veces, sola, cuando sin guardia quiere cantar y ser ella la canción y que tú disfrutes sin voz el sentimiento. Desde abajo deben de pensar que es el Luigi Bosca o mis ganas de ombligo las que me impelen, no tengo prisa en que sepan que yo soy así siempre, que me escalo a las estatuas y que tengo una voz como otros tienen cuatro dedos en una mano o una mancha de nacimiento con forma de caballito. Le canto Cole Porter a don Quijote; hasta que no me bajo de la estatua no soy consciente de que he estado cantando a voz en grito en el monumento de Plaza de España, a las tres de la mañana. Qué tremenda felicidad pequeñita.

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