domingo, septiembre 06, 2009

Canción para este día


Quiero escribir cosas felices, me digo apoyada en la misma barandilla en la que hace más de un año me apoyé, mirando los mismos tejados que hace más de un año miré, con la misma camiseta con la que hace más de un año hice estas mismas cosas, hay foto. Hoy estoy descalza sin embargo y acompañada por bastante menos gente que aquel día. Es raro cómo pasa el tiempo, quiero decir de qué manera el tiempo nos pasa y nosotros le pasamos a él. Yo ese día estaba desazonada intentando que él decidiera que se quedaba conmigo, pensando si irme o quedarme en Madrid de todas maneras, todavía convencida de que tenía un deber Oteguipérez de cruzar mares y romper puertas pese a todo, eso o morir: rendirme y dejarlo ir, solo, a su vida.
En realidad lo que pensaba hoy era que yo era una figura de mí misma, era yo en el mismo lugar pero de otra manera, con el pelo de otro color, que era Madrid de quien me despedía de nuevo y de nuevo me decía que volveré. Ante mí en la barandilla se extendieron los días pasados más que los días por venir, y por eso mientras por un lado vivo en luz y en días cansadores que despeino bajo el cielo madrileño, mi esternón se clava en sentimientos indebidos, en dolores tan viejos que ya sabemos cómo giran y desgiran; mientras yo planifico peinarme con trenzas frente al mar y desayunarme séptimas disminuidas, me acuerdo de que ese día, de que he ido y he vuelto y me he mudado y he mudado y todo ha mudado y todo se ha mudado, ha llovido y las alcantarillas se han tragado el agua usada, mi famoso esternón se ha empeñado un millón de veces en el mismo error mientras yo yiraba por ahí y vivía otra vida fuera de mi pecho, más allá de la barandilla. Es justo que sea así, que haya dos canales de escucha, que yo pueda seguir sin despedirme de mi duelo hasta que se muera solo mientras vivo más muerta que viva este cómo será mi piel, cardo o ceniza.

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