viernes, septiembre 18, 2009

Hombres que aman a otros hombres


Ahí están, todos en mangas de camisa, o con picos intensos sin nada debajo, voraces, guapos, oliendo cada uno a su colonia cara, sabiendo tener ganas de amar, dándome la bienvenida con vesos y abrazos cuando llego peinada o despeinada, dejándome ser la única mujer en sus casas y cocinas y bares y vidas (en qué otras casas podría estar desnuda enrollada en una manta estampada de tigre esperando que se caliente el agua del termo o tirada descalza en el suelo calibrando a Herbert o probándome ropa para salir con tres hombres opinando a mi alrededor sobre el encaje de mi corpiño, de qué otras casas tengo llaves en mitad de la madrugada si no quiero estar sola). Esos hombres que aman a otros hombres y me quieren a mí viven caminándome y mostrándome por Madrid cual si yo fuera perla que se encuentra (dónde estará el que me sueña). Esos hombres que aman a otros hombres me prestan en su espacio un hueco que atesoro como lo que es: quien lo probó, lo sabe.

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