viernes, septiembre 04, 2009

A night in the life

Algunas noches coinciden los sentimientos de los participantes, y todo el mundo con el que quedas atraviesa una crisis que quiere asesinar nocturnamente, y es como dice Clarisa: cuanto más abajo el ánimo más arriba las tacones. Y se busca la noche en sus centros nocturnos sin ventanas y en sus luces y en esa música moderna que es como tambor tribal que te acompaña en el baile hacia el olvido y la sublimación de la sangre que bombea el corazón en el cuerpo que se mueve y acompaña a la gente a tu alrededor que se busca y quiere estar viva de tanto como le duele estar viva. Yo lo cuento así pero es otra cosa, es como una savia que verdea los bracitos y una alegría contagiada aunque artificial de tanta hambre como tiene de ser, y vuelvo a contarlo así pero es otra cosa. Me gusta pensar que la vida está llena de estas confluencias de una noche en la que podría pensar que simplemente me encontré con amigos y fui a bailar, pero raramente puedo dejar las cosas ahí, en ese sitio ya brillante (tener amigos, quedar con esos amigos, querer a esos amigos, que esos amigos me quieran, poder salir a la calle por no estar coja o tuerta, ser capaz de seguir un ritmo con más o menos pleitesía, no desfallecer sobre los zapatos, tomar Absoluts con hielo), pero para mí es insuficiente decirlo así, sentirlo así. A veces te encuentras con gente y estáis todos en el mismo sitio, y hay un latido común que no importa y se olvidará mañana pero está, y la vida es una porquería y no por bajar las escaleras Quinto elemento del Cool se vuelve más preciosa, pero al menos se comparte el espacio de la ligera locura que supone bailar, apasionarse en las junturas de las rodillas, aposentar tus articulaciones en el ansia de vivir unos centímetros más, una noche más, una mañana de mañana más. Sólo me gusta pensar que es posible vivir sin sentir asco por estar viva.

3 comentarios:

Clarisa dijo...

Radiografía (violentamente gráfica) de mis últimas noches (de mi crisis)...
Me di cuenta de que no hay nada más bello que un amigo que sale a bailar contigo a sabiendas de que es todo una pose, de que estás tratando desesperadamente de mostrarte feliz y espléndida con la secreta intención de terminar por sentirte así de verdad, y de que aun cuando, en un momento random (pero conveniente: oscuridad, un guitarrero y todos apuntando sus cabezas hacia él) apoyás tu cabeza en su hombro y llorás en silencio, el te reconforta -también en silencio- pero después te deja volver a tu pose espléndida, sin necesidad de decir nada, cuando estás lista.

Clarisa dijo...

Encantador tu blog, loulou!

Loulou dijo...

Yo sólo pongo en práctica tus teorías, soy tu conejilla de Indias.