sábado, octubre 10, 2009

Despertares


Calígula se sube a la almohada y apoya su cabezota en la mía, me enreda el pelo. Me agarra con sus manitos y se restriega, tan contento de verme que decide intentar masticar mi cráneo. Yo que vengo del sueño me sonrío primero de su compañía pero luego empiezo a preocuparme por mi parietal y mi occipital. Sostengo su amor carnívoro hasta donde me es posible, luego levanto a ese bicharraco de seis kilos de la almohada, añoro su cachorrería, la manta de forro polar de Yrigoyen, lo pongo a mi lado y le recrimino dulce sus colmillos. No me escucha mucho rato, sale brincando de la cama en busca de la bolsa de plástico anudada que le hace de ratón para que se la tire y él salga escopetado a buscarla.

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