domingo, octubre 04, 2009

Die Nacht


Una noche en Madrid últimamente puede ser muchas cosas: puede ser dormir o no dormir, puede ser mirar por la ventana, puede ser bajar a la plaza, puede ser el Tupper Ware y el camarero adusto del Mercurio que le sirve con fastidio la soda y el pulco a David y contento a mí el Absolut con hielo en vaso ancho. Una noche puede ser un paseo sola o un paseo acompañada, puede ser una fiesta en mi honor, pueden ser las medias negras que le encargué a Pancho porque las mías se habían roto y que me trae al Madrid Madrid, puede ser ir a la ópera y cenar con Rodrigo, sentarme con un muchacho en la escalinata horrorosa de la Almudena a que me cuente y luego pasear con él la Latina con tacones a las seis de la mañana, puede ser Theodora bajito bajito mientras pego mordisquitos a las campurrianas y leo Los galgos los galgos, puede ser ver Alien acurrucada en un sofá, puede ser Patricia salida de la oficina y viniendo a bailar, puede ser un trío de jazz en el que mi futuro pianista aporrea el Hammond con tremendo arte, puede ser el rímel bordeándome los ojos a la mañana siguiente, puede ser sushi o puede ser un arroz preparado en la cocina de Edu, puede ser salir por última vez a esas horas de la oficina. Una noche puede ser el concierto demoledor de Divididos (especie de exordio de mi nueva argentinidad), charlar con Solange por el skype, tomar chocolate en San Ginés, puede ser lágrimas. La noche, que ha sido mi único espacio verdadero todo este verano madrileño extraño y sonsacado, puede ser pequeña o larga, pero es siempre ancha, es siempre mía, es siempre mis pies renegridos de la calle al volver o no volver a casa, se termina siempre en ese azul tan particular de un ratito antes del amanecer, se termina siempre en ese mi azul preferido, en un silencio antes de los pájaros, antes de los martillos neumáticos de las obras, en ese amarillo invierno de los bares antes de que prendan las máquinas de café.

No hay comentarios: