sábado, octubre 31, 2009

El último café

Llegabas siempre que llegabas con sombrero y elegantísima dama catamarqueña. Contabas historias de señora patricia mientras tomabas el té que se servía cuando venías en el juego naranja y negro. Te recuerdo hablando de la Sevilla que conociste cuando eras pequeña (tu padre era sevillano), y la simpatía inmediata, tú conmigo por andaluza, yo contigo por mujer maravillosa. Sacabas del bolso la letra de algún tango y lo cantabas allí, sentada en el sillón inmenso del salón inmenso de Chana. Tu tango preferido era El último café y es el último que te escuché cantar. Después te enfermaste y no querías ver a nadie y yo te llamaba por teléfono hasta que te moriste y fui a tu velatorio (llovía, era otoño, quizá mayo o junio, la funeraria estaba en un sitio complicadísimo, conocí a tu familia y todos sabían quién era yo). De ser tú pasaste a ser la única persona muerta que vi en la vida, pero prefiero siempre acordarme de ti poniéndote el abrigo y colocándote el sombrerito para irte, viva, alegre, María del Carmen.

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