domingo, octubre 04, 2009

La Lulu de Berg


A Lulu los hombres la quieren poseer, suya, como objeto concreto de su perdición, como insensatez que ni ellos saben nombrar, como promesa embotellada a la que sin embargo sí le saben poner nombre de desvarío (Eva, Nellie, Mignon), sin pensar en Lulu, en que Lulu ya tiene nombre y es Lulu. Y ella renuncia a su nombre tampoco verdadero y por tanto a su ser (aunque en un momento, cuando la llaman así, Lulu, se asombra y recuerda el tiempo que hace que no es ella y no baila como ella baila, el tiempo que hace que no es Lulu) porque se alimenta del deseo de los hombres y en su renuncia está su alimento, su ser de mariée mise à nue par ses celibataires, ahí ella cifra su valía. El deseo de Lulu es que alguien le escoja de nuevo su nombre auténtico y en ese anhelo de que alguien la designe está su trampa, porque ninguno de sus hombres la quiere Lulu a ella (todos sus hombres sólo quieren su posesión per se), y cuando dejan de desearla Lulu mendiga ese deseo, paga por ese deseo, se deja asesinar dentro de ese deseo. Pobre Lulu, nunca sabe que sólo era cuestión de abrazarse a sí misma y decirse bajito lulululululululululu. En si bemol.

2 comentarios:

filemon1970 dijo...

Lulu es su buen nombre. ¿Por qué no llamarla Lulu?

Loulou dijo...

Cuando tienes un animal le pones un nombre. Pues lo mismo.