sábado, octubre 31, 2009

La omisión

Una vez nos subimos a un colectivo y fuimos a Timbre 4 a ver La omisión de la familia Coleman. Hoy en San Fernando escuché a un chico con barbita y gafas hablar con ternura evidente aunque sin nostalgia de ese gesto de tomar el bondi, llegar a Boedo e Independencia, tocar el timbre y guardar silencio por el pasillo de la casa chorizo tan porteña para no molestar a los vecinos, y convertirse en uno de los cincuenta espectadores. Con esa misma ternura evidente y sin esa misma nostalgia recordé Buenos Aires, todos los teatritos a pulmón, todas las líneas de bondi, todas las noches en que teníamos una casa a la que volver, el círculo de amigos actores que nos iban invitando a sus representaciones, aquella vida sudestada.

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