martes, octubre 27, 2009

Mientras espero al procurador


En una de las capas de la ciudad las cosas siguen siendo como fueron: en la puerta de la Policía Nacional un señor gordo con camiseta de tirantes bajo la camisa apunta tu nombre y tu DNI en un libro de registro, con letra pulcra de cuadernillo de caligrafía; quizá en algún momento le insinuaron tablas Excel y se echó a llorar. A cualquier lado los curriculum los tienes que llevar impresos y dárselos en mano a porteras, secretarias, guardas varios, si insinúas mandarlo por mail te miran como a marciana desalmada. Si preguntas en las papelerías o en las peluquerías te darán el teléfono de alguien que alquila un piso en la misma calle, o llamarán ellos mismos a Pepi o a Paqui o a Milagros para preguntarles si te puedes pasar a mirar. Corre la brisa por las ventanas abiertas de las oficinas, y los que no te pueden ayudar llamarán a otra subdivisión absurda de otro departamento para averiguarte una rocambolesca posibilidad, inútil, pero regalada con amor por esos empleados públicos que pasan sus mañanas recibiendo el sol del ventanal y esperando que aparezca alguien como tú para entretenerse un rato. El procurador llega y te da dos besos y te saca el convenio sobre el mostrador de la portería. Y el mar, lleno de mar, hoy mar, hoy esperándote, hoy para no ahogarse.

1 comentario:

filemon1970 dijo...

¿y qué esperabas encontrar nuevo en estos parajes? Los cambios, poco a poco