miércoles, octubre 07, 2009

Mujer, ya estamos saturados ambos de pruebas innumerables


Son casi las dos de la tarde y detrás de las puertas de las casas se oyen las válvulas de las ollas a presión. Asomadas a esas mismas puertas las mujeres hablan con otras mujeres mientras se secan las manos en el delantal. Huele a puchero, huele a potaje, huele a bodega por las calles del centro. Hay ropa tendida en las ventanas llenas de macetas con geranios, la gente se conoce por el mote, no existen los nombres de las calles sino el lugar donde antiguamente estaba alguna cosa, las eses bailotean cuando las pronuncian, el día se estira mal como una masa para pasta quebrada. Te sabes las casas de tus amigos por dentro, sabes dónde guardan los vasos y dónde las servilletas, los nombres de sus hermanos pequeños y de sus madres, su caligrafía si la ves la identificas como suya, te acuerdas de los negocios que cerraron al pasar por las puertas de madera clausuradas, llegas caminando a todos lados, ves las cosas como extranjera y anhelas identificarte con algo: tal vez empezando con la yerbabuena en el caldo o el vinagre a granel de Obregón, los cortadillos de cidra con el café, las hojas de eucalipto arrancadas del paseo metidas en el bolso, la arena de la playa redentora en los pies, llegues a ese sitio que a los demás parece pertenecerle cómodamente, sin ese esfuerzo sobrehumano que a ti te cuesta creerte cualquier cosa.

4 comentarios:

Hippeis dijo...

Me recuerda al tunneling process de Virginia Woolf... Es uno de los motivos por los que odio Madrid. De pronto giras una esquina en bici y encuentras la residencia de ancianos en la que metieron a tu abuela y cosas de esas.

Anónimo dijo...

"...ves las cosas como extranjera y anhelas identificarte con algo..." pero ya estás en casa, ya te puedes divertir.

Loulou dijo...

Voilà el problema, Anónimo (qué manía de no dar la cara o al menos una carita inventada), saber si estoy, o no estoy, en casa.

Loulou dijo...

Bororita, a ti es que eso del sentimiento te da repelús.