domingo, octubre 11, 2009

Pena es mi paz y pena mi batalla

A veces me asalta la pérdida como un guepardo. Es inútil hacerle frente, tiene los dientes más afilados que yo, y siempre me atrapa por sorpresa, es mejor dejarse desangrar bajo su peso a pesar de lo bien que conozco el horror de ese desangre.
A veces yo asalto a la pérdida, cazadora, con flechitas de atrezzo y melena Boticcelli. Solía revolcarme con ella en el pastito, acariciarle el lomo, le decía morite, y ella se moría de broma y yo me aferraba a su cadáver pretendido, esperando que viniera su subsiguiente resurrección. Ahora la asesino cada día un poco más en serio, y es entonces cuando sus ataques son más cruentos, se enzarza en mis calcañares porque sabe que me voy, se aprovecha fieramente de que mi marcha me pone a mí más triste que a ella. Odio esta despedida, pero o se va ella, o me muero yo.

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