miércoles, octubre 28, 2009

Un hombre no debería cantar cosas así


Cuando Edith Piaf escuchó a Jacques Brel cantando Ne me quittes pas se levantó de su asiento y se marchó muy ofendida, asegurando que no soportaba escuchar a un hombre humillarse de esa manera. Por suerte la humanidad no tiene los remilgos de mademoiselle Piaf y esa canción de arrastramiento Atrás da porta tiene la virtud de llevarnos a todos al mismo sitio (y el que no haya estado allí, mejor para él), ese lugar en el que nos agarramos de la pantorrilla del que se va y rogamos que nos deje convertirnos al menos en la sombra de su sombra, en la sombra de su perro. Todo lo que no es desgarrador es superfluo, dice Cioran, y si hay algo que es Jacques Brel es desgarrador, ergo, necesario para la vida. Otro día hablaremos de nuestro Brel local, Serrat en los setenta, ahora instauro como canción de la semana mi canción predilecta del belga trágico, Mathilde.

3 comentarios:

Hippeis dijo...

Con esa piñata no me extraña que le fuera mal... No me quite pan...

Tenía que decirlo...

(A Cioran habría que explicarle la diferencia entre una esguince y un desgarro como en el chiste).

Pablo dijo...

Qué suerte tenemos los hombres mediocres de vivir en un mundo en el que magos como Brel vengan a sufrir nuestro sufrimiento, y así podemos seguir poniendo cara de duros mientras tanguitos como esos nos exorcisan el alma. Y gracias a vos por recordarlo.
Y de paso, qué suerte tenemos todos de que la palabra "humillación" (como todas las que comparten familia léxica con "humildad") esté tan lejos del diccionario de Edith Piaf.

Hippeis dijo...

Damn!

Soy demasiado insensible para tu blog. :P