viernes, octubre 09, 2009

Well, honey, I...


Estoy encerrada en casa de mis padres desde hace días, con la maleta cerrada, poniéndome la misma falda malva y la misma camiseta negra, las mismas sandalias coloradas cada vez que tengo que salir. Aprovecho para desenlacarme las uñitas de los pies, dejarme la henna doce horas en la cabeza, negar Facebook, leerme otra vez El fantasma de Harlot, hacer una retrospectiva Sean Penn, charlotear con el gato. Me dejé en Madrid la Moleskine y el cable usb de la cámara, dos de mis apéndices sociales. Me tumbo como Jenn, con el pelo estupendísimo y anhelando tener una excusa para abrir la maleta, sacar un vestido y plancharlo y metérmelo por encima de la cabeza. En estos días de no hacer nada y no tener absolutamente nada que hacer no disfruto un ápice, me dedico a extrañar posibilidades. Me dejo saber que se me acaba el plazo de emprender, que me espera el nuevo territorio. Recorro cual fantasma la cocina, me siento en el suelo de la terraza con el mate chiquito de cuero de Montevideo (también me dejé mis dos calabazas del Bolsón en Madrid). Por la tarde me alargo un rato a la playa para quedarme al vaivén, paso a comprar regaliz por la barriada de al lado, me antojo cada día del vestidito verde petróleo divino de un escaparate.

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