lunes, noviembre 16, 2009

Honrar el sentimiento


Hay muchas formas de estar viva, la que más me gusta es esa forma en la que estás tan viva que te das cuenta y te despeinas conforme a cierta locura vertiginosa de existir. Y coges aviones y trenes y bajas y subes de metros y autobuses hasta llegar a una dirección y llamas a una puerta que alguien te abre y tú le dices, mira, me he recorrido tres kilómetros, cuatrocientos kilómetros, mil kilómetros, para pasar un ratito contigo, para honrar el sentimiento, vamos de paseo. Luego se te puede sofisticar el viaje: puedes estar esperando sentada en tu maleta en una plaza en el barrio de Tetuán a que Aurora venga a buscarte y escuchar cómo un señor le dice a otro que qué le parece la idea de intentar robarse mi maleta; te puedes aprender una canción en euskera para cantarla de sorpresa en la boda de Garbiñe y Karlos; puedes ir a cenar con Unai en Pamplona y haceros una foto con Andoni Goicoechea que está esperando a que os vayáis para quedarse con vuestra mesa; puedes pasear por Oñati con Amaia y que en la puerta de esa iglesia cuyo atrio está sobre el río esté el antiguo cura de su pueblo que amorosamente os deja entrar y enciende las luces nuevas de teatro que han puesto en los altares contraviniendo en buena hora las normas de conservación del patrimonio (parece que los policromados, la piedra y el pan de oro se llevan fatal con las dicroicas); también puedes encontrarte con alguien a quien a pesar de que le aporrees la puerta hasta desgastarte los puños no te deje entrar, y que frente al Peine del Viento, en San Sebastián, sepas que lo que te más duele es que él no quiera estar vivo para ti.

2 comentarios:

Hippeis dijo...

Je, je...

Y no has puesto nada del increíble caso de la maleta menguante... ¡qué exhibición! Cada que me tenga que sentar sobre una maleta para cerrarla sudando la gota gorda, me acordaré de que todo es posible..

Loulou dijo...

Tendríamos que haber hecho fotos del proceso. Mejor lo cuentas tú en tu blog.