lunes, noviembre 02, 2009

La fuente

Mientras espero en la casapuerta a que vengan a enseñarme la casa (me parece que voy a querer ésta, está entre la Plaza San Antonio y la Alameda), una viejita cruza el patio interior y abre la cancela para salir a la calle. Me pregunta. En cinco minutos me da cuenta de la antigüedad de la reforma del edificio, de los vecinos, de los 20 años que lleva viviendo ahí, de adónde dan sus ventanas, del nombre del dueño, de las costumbres de la dueña, de la renta que pedían hace cuatro meses, de las tiendas del barrio, se escandaliza por las condiciones abusantes, me aconseja que no me deje avasallar, me dice que se llama África. Me la quiero quedar de vecina, pero debido a las condiciones abusantes y a las costumbres de la dueña no podré vivir en la calle Buenos Aires en esa casita de juguete al lado de la Alameda.

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